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Por Golondrina Viajera

@nuezgolondrina

 

 

El fin de semana pasado volví a las andadas. Tomé mi mochila y me fui de viaje en muy buena compañía a la Ruta del Vino y el Queso en Querétaro. La Finca Sala Vivé by Freixenet, en Ezequiel Montes, es siempre un buen lugar a dónde escaparse del estrés de la ciudad. Uno llega y se instala en alguna de sus mesas, compra una botella de vino burbujeante y pide una paella que es suculenta, y se acompaña de tapas, quesos y hasta de taquitos al pastor, mientras ve la vida pasar y confirma que desconectar es no solo bueno, sino necesario para recargar baterías y volver al trabajo.

 

 

La Finca es un lugar elegante, en donde además de beber y comer como cosaco, puedes tomar un tour por los viñedos y las cavas, mientras te explican el proceso que desemboca en esas coquetas botellas de vinos blancos, rosados, tintos o espumosos que aquí puedes conseguir a muy buen precio. Si llevas a tus bendiciones, hay un área de niños que se llama Castillo Vivante, donde se la pueden pasar la mar de bien, mientras tú sigues con tu vinito y tus tapas. ¿Se puede pedir algo más?

 

Cayó la noche y decidimos retirarnos a descansar. Elegimos para ello Casa Mateo, un elegante hotel boutique en Bernal, con la maravillosa vista de la Peña como fondo de la postal. El hotel cumple sobradamente con las expectativas, tiene habitaciones familiares que son el encanto de chicos y grandes porque tienen un tapanco que potencia la aventura. Salimos a caminar y había fiesta por todos lados, celebraban al santo del pueblo. Hasta regalaban tamales, atoles y otras viandas.

 

En la plaza compramos suéteres de lana que confeccionan en la región, porque el frío era, uff, rico pero agudo. Nos apuntamos a un recorrido de leyendas por solo 250 pesos cada uno, que resultó una gozada. Dos actores buenísimos encarnan a una decena de personajes que cuentan la Leyenda del Charro Negro, mientras interactúan con el público, que se parte de risa con bromas y ocurrencias de un humor muy fino al amparo de la noche y las antorchas. Al finalizar, regresamos al hotel y caímos rendidos.

 

Por la mañana, desayunamos unas gorditas tradicionales de la región que nos alivió un poquito la resaca producto de los tantos vinos y tomamos el sol en la alberca. La quietud de Casa Mateo permite el recogimiento del espíritu y Bernal es un pueblo que no necesita el adjetivo de “mágico” porque está bien cuidado, limpio, agradable a la vista y a los demás sentidos. Nos fuimos pronto, porque queríamos conocer la Real Fábrica de Tabacos Black Cházaro, que se encuentra casi enfrente de la Finca Freixenet, pero que ya no alcanzamos a conocer el sábado.

 

El estilo arquitectónico de la Fábrica es moderno. La opulencia se mira desde la puerta misma. Íbamos con muchas dudas. ¿Una fábrica de puros en Querétaro? ¿Será un mero capricho de los dueños? Una cosa es segura: lana hay. Hicimos el recorrido por la fábrica y nuestro guía nos comentó cómo surgió la idea.

 

Los dueños fueron a San Andrés Tuxtla, y convencieron a maestros tabacaleros de que les acompañaran en esta idea de construir desde cero una fábrica de puros de calidad internacional. Sembraron tabaco en Querétaro, pero –justo como lo sospechaba– no resultó debido a que los suelos y el entorno no reúnen las condiciones de humedad, climáticas y demás, que en San Andrés resultan óptimas, lo mismo que en Pinar del Río en Cuba. Buscaron secar el tabaco en invernaderos pero tampoco funcionó.

 

Con todo, no se amilanaron. Importaron todo desde San Andrés, incluidos los maestros torcedores, y tres años después están de pie, produciendo unos puros rarísimos que llaman Black Cházaro, de tabaco negro, que obtienen la pigmentación de la capa con una mezcla de ron, café y otros frutos. El experimento es interesante pero la fumata no lo es tanto. El puro tiene una excelente construcción, buen tiro, combustión adecuada, pero queda a deber en cuestión de sabores. Adquirimos unos Habana Cházaro, que tienen buena pinta y que en otra ocasión reseñaré especialmente. Una cosa es cierta, el buen gusto se respira por todas partes, y como complemento de la ruta funciona, aunque siga sin entender muy bien qué carajos hace una fábrica de puros en Querétaro.

 

Emprendimos el regreso con el corazón contento y las alforjas llenas de vino y puros, por aquello de que no vaya a ser que un día también haya desabasto. Querétaro es siempre garantía de buenos viajes, de aire limpio y un excelente sitio donde escaparse de la Ciudad un fin de semana y pasársela bien, siempre. Nos vemos en la próxima, y ayúdenme a compartir esta columna si les gusta.

Golondrina Viajera

Mexicana. Foodie. Bon vivant. Always on the road…