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Editorial

@tempomxcom

 

El Presidente López Obrador repite como si fuera un mantra que busca exorcizar demonios la siguiente frase: “El poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos”. No le falta razón. Nuestras abuelas solían decir que Dios no les da alas a los animales ponzoñosos. Los adagios de los viejos son evangelios chiquitos.

 

Gobernar desgasta. Bolívar dijo alguna vez que en nuestros páramos americanos no hacía falta un Presidente sino un domador de insurrecciones. En un país convulso como el nuestro, desgastado por la inseguridad, la violencia, la corrupción, la falta de servicios públicos adecuados, seguridad social, empleo y vivienda dignos, la de López Obrador es una esperanza para millones de mexicanos que llevan varias generaciones en espera de un cambio.

 

López Obrador es el líder social más importante de este siglo. Su carisma, su don de gentes, su olfato político, su honestidad a toda prueba, su austeridad personal, son incuestionables. Pero, ¿qué pasa con su equipo de gobierno? En tiempos en los que es más importante lo que se declara que lo que se hace, muchos legisladores, alcaldes, gobernadores y funcionarios partidistas de Morena no parecen ayudarle, sino por el contrario, minan todos los días el amplio bono de gobernabilidad con el que llegaron.

 

La semana pasada se desató una bomba mediática nacional cuando la diputada local veracruzana Ana Miriam Ferráez declaró que para frenar los feminicidios ella había pensado que se necesitaba un toque de queda para que las mujeres no anduvieran en la calle más allá de las diez de la noche. Después de esa hora, todas debían guardarse en sus casitas. ¡Ni Cenicienta! Al menos a ella, el carro se le hacía calabaza hasta las doce. Nadie reparó en que la propuesta de la diputada Ana Miriam ni siquiera fue original, pues se trata de una medida ya implementada en Xalapa por el ex alcalde Armando Méndez de la Luz durante su gobierno. Por cierto que su hija, la diputada Dulce Méndez Dauzón salió a protestar con el hashtag #LaCalleEsNuestraYlaNocheTambién. ¿Sabrá que gracias a la propuesta oscurantista de su señor padre, aún en corrillos le dicen Armando Méndez de la Oscuridad?

 

De la diputada Ferráez no se puede esperar mayor cosa. En Veracruz le dicen “el calcetín” porque abre la boca para meter la pata. Sin embargo, esta misma semana sorprendió la Presidenta del partido, Yeidckol Polevnsky al declarar en medio de cuestionamientos por la alianza de facto en las Cámaras del PRI con Morena, que “se oye mejor PRIMOR que PRIAN”. Incontinencia verbal, le dicen a estos casos.

 

Por si fuera poco, el fin de semana el alcalde morenista de Juchitán, Emilio Montero Pérez, le entregó las llaves de la ciudad a Jesucristo reconociéndolo como señor de Juchitán. ¡Ay, Señor del Abismo de Tehuantepec!

 

En tiempos como estos que corren, bien harían todos esos funcionarios en cerrar la boca y escuchar al Senador Ricardo Monreal, quien se aventó una llamativa gira por el interior de la República y aprovechó para leerles la cartilla a diputados locales y alcaldes, pidiéndoles ser austeros y ya encarrerado en su profesión de fe, les dijo que ni se la creyeran, que todos habían ganado por López Obrador y que mejor le fueran bajando dos rayitas a su jiribilla.

 

Tiene razón el doctor zacatecano. Son tiempos para la mesura y la reflexión política. Son tiempos de ayudar al Presidente a tapar los baches de esta república malhadada, en lugar de andarle poniendo topes al camino empedrado y sinuoso de la Cuarta Transformación.

 

Una última pregunta antes de irnos: ¿Será que don Ricardo Monreal ya inició el camino hacia su campaña presidencial para 2024? Es pregunta que se sube a debatir.

Tempo

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