Marcelo en el G20

 

Editorial

@tempomxcom

 

Marcelo Ebrard vive momentos dorados. Acude al G20 y se fotografía con jefes de estado ocupando el lugar del Presidente López Obrador por indicación de este. Sus detractores no pueden entender por qué desdeña una cumbre de ese nivel, no entiende la política internacional, se dicen. No habla inglés, acusan. Pero si algo tiene el Presidente AMLO es claridad en sus objetivos y pragmatismo en sus métodos.

 

Donald Trump le ha aplicado un “siéntese” a Pedro Sánchez cuando este lo saludaba amablemente. A quienes esperaban un mal gesto de Trump o un comentario fuera del lugar hacia el Presidente mexicano, se quedarán esperándolo. Lejos de ello, AMLO les ha aplicado una de las leyes del poder. Se enfatiza la presencia del que no está, está sin estar y de paso vuelve a demostrar sentido de la historia, emulando a Juárez.

 

López Obrador empodera a Marcelo porque así conviene a sus objetivos. Se sabe dueño de la situación. Su seguridad es tal que no siente que Marcelo pueda hacerle sombra, al contrario, lo sabe capaz de representar bien a México en los foros internacionales. Marcelo se mueve allí como pez en el agua. AMLO sabe, como Juárez o como Díaz, que lo mejor no es saberlo todo, sino confiar en el talento del que sabe. El gabinete de ambos presidentes se distinguió por hombres de preclara inteligencia y capacidades superiores.

 

Ojalá que Ebrard entienda el mensaje y que durante su exilio forzado haya comprendido que hace falta mucha mano izquierda para navegar como capitán designado en aguas procelosas. Si él es el elegido, no le falta razón a Muñoz Ledo al advertirle, “que no me lo inflen mucho porque me lo van a reventar”. La historia siempre se repite dos veces y Marcelo lo sabe. Aún falta mucho tiempo por recorrer, muchos escollos por evadir y muchos cantos de sirena por eludir. ¿No era Manuel Camacho, su maestro, el que reunía todos los atributos para ser el elegido del Presidente Salinas? Si a Camacho lo venció la soberbia, Marcelo tiene hoy frente a sí el gran reto de deslindarse de la sombra de su maestro, para allanar el camino, con humildad, con destreza, con sentido de la realidad y de la historia. Hay tiempo aún, hay mucho tiempo.