Editorial

@tempomxcom

 

El Servicio Postal Mexicano (Sepomex) fue creado por decreto presidencial de fecha 20 de agosto de 1986, surgió con el desafío de modernizar las prácticas operativas y administrativas para lograr una mayor productividad en los servicios de comunicación. A menos de veinticuatro de distancia, es evidente que eso quedó en una simple aspiración, basta comparar el tiempo de entrega en relación con otras empresas de mensajería como Estafeta, FedEx o DHL.

 

Como nunca, optimizar el tiempo es necesario. En la actualidad estamos cada vez más acostumbrados a la celeridad con la que fluye la información, los contenidos y en general, el conocimiento. El auge de las tecnologías de la información y la comunicación se aprecian en prácticamente todas las actividades, incluida la que tiene que ver con los servicios de mensajería.

 

En algún momento hemos tenido la necesidad de recibir o enviar con urgencia un paquete por mensajería. Cuando eso ocurre, mucho se agradece que los documentos, mercancías o insumos lleguen en buenas condiciones y claro, en un tiempo prudente. Bueno, pues en el caso del Sepomex eso se encuentra alejado de la realidad -en la gran mayoría de los casos-, mientras que una empresa particular entrega un paquete en un día, el organismo del Estado puede convertir esa espera en varios días más.

 

Aunado a lo anterior, habría que sumarle la ambigüedad e imprecisión del rastreo del envío. Por un lado, la empresa particular brinda certeza sobre el avance del trayecto, por el otro, en Sepomex el seguimiento del número de guía puede decir una cosa, pero en realidad se encuentra en otro lugar distinto -cuestiones y ficciones burocráticas-. Incluso se llega al absurdo de que sería más rápido ir en persona por el envío.

 

Esto no es casualidad, son diversas las razones de su rezago respecto a sus competidores. Destacan hechos como adeudos a trabajadores, así como diferencias económicas del incremento salarial, incentivo en numerario, prima vacacional y estímulos y recompensas. También repercute en el ánimo de los trabajadores la carencia de la tecnología adecuada, falta de estímulos como no recibir uniformes y que hay casos en los que ellos absorben los gastos de las reparaciones de las motocicletas. Se llega al exceso de que haya oficinas que no cuentan con material e insumos básicos como tóner u hojas.

 

Esas deficiencias, en gran medida son producto de la monopolización del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sepomex. Así como ocurrió por décadas con tantos sectores, el gremio está secuestrado por un líder sindical, en este caso Manuel Fermín Acevedo González, quien lleva más de 20 años como dirigente a partir de la confabulación con patrones, integrantes de los partidos políticos que habían ostentado el poder y personas afines a sus intereses. Como podemos apreciar, no es solo la demora en la entrega de los envíos, sino que existe un fenómeno de corrupción que debe ser atendido de forma imperativa por el actual gobierno federal.