Editorial

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El 4 de abril de 2014, rindieron protesta como consejera y consejeros del INE por un periodo de 6 años, Pamela San Martín, Enrique Andrade, Benito Nacif y Marco Antonio Baños. En consecuencia, el próximo 3 de abril, la Cámara de Diputados como una de sus facultades exclusivas tendrá que haber nombrado a las nuevas consejeras y consejeros, a fin de que el Consejo General quedé constituido en su totalidad y con ello garantizar el desarrollo de los comicios en nuestro país.

Esta decisión es de la mayor importancia para el desarrollo democrático de nuestro país, toda vez que el INE es el órgano constitucional autónomo, independiente en sus acciones y funcionamiento que tiene a su cargo la organización de las elecciones en México. Como ha ocurrido con otras discusiones relacionadas con la vida interna del Instituto, la renovación de consejeras y consejeros ha generado posturas de todo tipo, incluidas aquellas que plantean escenarios de conspiración orquestados por Morena para debilitar y someter al INE.

Las voces que acusan el presunto asalto y secuestro del INE desde Morena lo hacen desde discursos maniqueos y a partir de un desconocimiento de la norma, o bien un desentendimiento de todo lo que implica el proceso legislativo, al que perversamente reducen a prácticas de mayoriteo. En concreto, por lo que respecta a las 4 de 11 vacantes que se deben cubrir en el Consejo General del INE, hay que decirlo sin rodeos: Morena no podrá elegirlos por la libre -como se dice coloquialmente-, por el contrario, necesariamente tendrá que cabildear y negociar con las demás fuerzas políticas.

El artículo 41, Base V, apartado A de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que el consejero presidente y los consejeros electorales serán electos por el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes, porcentaje que MORENA no alcanzaría sin el apoyo de otros partidos. De acuerdo con el sitio oficial de la Cámara de Diputados, de los 500 integrantes de esta soberanía, 258 son de Morena, 78 del PAN, 47 del PRI, 35 del PT, 28 de MC, 26 del PES, 13 del PVEM, 11 del PRD y 4 sin partido.

Partiendo de un escenario ideal, en el que los 500 integrantes estuviesen en esa votación tan importante, lo primero que apreciamos es que a Morena le faltan 76 votos para llegar a los 334 que hacen la mayoría calificada requerida e incluso con sus aliados: PT, PES y PVEM no se llegaría a la cifra, porque entre los tres partidos suman 74 votos. Insistimos, en un supuesto poco probable donde lleguen todas y todos los diputados -es claro que eso no va a suceder-, el mayor quórum que se ha registrado en lo que va de la Legislatura es de 450, ni en ese supuesto y asumiendo que toda la fracción de Morena, ni así podría avanzar en solitario.

Entonces, resulta falso que Morena pondrá a su voluntad a las nuevas consejeras y consejeros, que de acuerdo con una versión preliminar de la convocatoria para quienes aspiren a ser parte del Consejo General, se garantizará la paridad en la elección, es decir, dos espacios serán para mujeres y dos para hombres. Esta última cuestión sí deja constancia de una constante de la 4T, que es impulsar la paridad en el servicio público.

Se rumora en radio pasillo de San Lázaro que la convocatoria será aprobada el próximo jueves 13 de febrero, por lo que a partir de ese momento un factor que tendrá gran influencia es la capacidad de negociación que tenga la oposición: PRI, PAN, PRD y MC, los que deben estar a la altura del debate legislativo y no solo preocupados por las declaraciones mediáticas encaminadas a intentar restar legitimidad al gobierno de AMLO y al trabajo de la 4T desde el Congreso.

Esas voces que ponen a Morena como el gran tirano que pretende desmantelar al INE para convertirse en jugador y árbitro, como ocurría en las épocas de mayor autoritarismo y opacidad en México, se equivocan. No solo eso, al desinformar, hacen aquello de lo que tanto se quejan en una narrativa que no pasa de retórica: dividir y confrontar desde la información parcial o manipulada.