Por Rodolfo Torres Velázquez

@rodolfo_torresv

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció, el viernes pasado, que el coronavirus es ya un riesgo muy alto para la salud a nivel global. Con ello, no sólo aumentó el miedo sobre las potenciales consecuencias sanitarias para toda la población, sino que despertó temores sobre los efectos en la economía mundial que, aunque son serias, tienen un origen discernible y, muy probablemente, un efecto controlable. La acción concertada de todos puede atenuar secuelas calamitosas.

El reporte más reciente de la OMS, (el número 39) del 28 de febrero, muestra que, a nivel mundial, existen 83 mil 652 casos confirmados. De ellos, 78 mil 961 se ubican en China. El número de muertes en ese país alcanza ya los 4 mil 691 casos. No obstante, 36 mil 117 personas ya se han recuperado de esa enfermedad en China.  Hasta el viernes pasado, 51 países habían reportado casos de contagio; a los que habría que agregar la confirmación de otros dos, en México. A pesar de que las cifras actuales reflejan una letalidad relativamente baja (3.5%, en China), es imperativo mantener el estado de alerta en todo el mundo.

China y los Estados Unidos son las dos principales potencias económicas mundiales. Dada la integración de la potencia oriental en las cadenas globales de manufactura, es comprensible que la desmovilización y aislamiento de su población laboral mengüe su capacidad productiva e impacte negativamente en la economía global.

En el caso de Europa, informa el diario El País, “la epidemia retrasará la recuperación que se preveía en la zona euro para este año …” El Bank of América presagia que el PIB italiano se contraiga un 0.2% y que Alemania quede al borde de la recesión, en el peor de los escenarios previsibles.

Por su parte, el Foro Económico Mundial identifica diversos impactos del fenómeno viral. Por ejemplo, en el caso de India se espera un impacto en la construcción de una planta de energía solar con capacidad de 100 gigawatios (para dar luz sobre la dimensión de este efecto, conviene recordar que la capacidad de 215 centrales de generación, en México, es de poco más de 54 gigawatios), pues el 80 por ciento de los módulos de celdas solares provienen de China. En Indonesia, que atrae a 10 millones de turistas chinos cada año, se podrían perder hasta 4 mil millones de dólares por causa del covid-19.

En el ámbito de los mercados bursátiles, también, han menudeado las malas noticias. El mismo viernes pasado los mercados bursátiles internacionales ya habían completado una semana consecutiva de pérdidas, la peor desde la crisis financiera del año 2008 —el indicador Standard and Poor’s tuvo la caída más acelerada de su historia—, lo que ha significado una pérdida de valor de mercado, en los Estados Unidos, por un equivalente de 6 billones de dólares. Arrastrada por ese fenómeno, en la semana del 24 de febrero al 28, el índice de la Bolsa Mexicana de Valores cayó un 8 por ciento.

Aunque no ha sido el único damnificado, en el rally de pérdidas bursátiles, el caso de Apple es el más notorio, dado su peso en ese mercado.

El valor de mercado de Apple superaba, en diciembre de 2019, los 1.3 billones de dólares. Ese monto era superior al Producto Interno Bruto de Suiza, Arabia Saudita, Holanda, Indonesia, o México. Para ese activo, del viernes 21 al lunes 24 de febrero de este año, se percibieron señales negativas que produjeron cuantiosas ventas de sus acciones, lo que hizo bajar su cotización en 4 por ciento. En una semana, Apple ha acumulado pérdidas por un 12.67%. Las causas tienen su origen en tres factores: amodorramiento en la manufactura, aletargamiento en las ventas y baja en las expectativas de obtención de utilidades.

Se estima que 5 millones de empleos en China dependen de las manufacturas de productos de Apple. Las medidas de aislamiento decretadas en diversas poblaciones han impactado negativamente el ritmo de la manufactura. A lo anterior hay que sumar que esas mismas medidas han tenido efectos negativos en las ventas, dado el cierre de tiendas o la restricción en sus horarios de apertura.

Pero es la disminución de las expectativas de utilidad en la que se ceba, a mi juicio, la pronunciada caída de esas acciones. Me explico. De acuerdo con los resultados de su primer trimestre fiscal 2020, publicados el 28 de enero de 2020, dicha empresa anunció utilidades de poco más de 91 mil millones de dólares, que desde un punto de vista anualizado significaban un incremento del 9 por ciento. El 61 por ciento de esa utilidad está fincada en las ventas internacionales. Con base en esas cifras, anunciaba —para el segundo trimestre del 2020— utilidades estimadas entre 63 mil y 67 mil millones de dólares. La aparición del virus ha puesto en entredicho esas expectativas.

Sin embargo, en términos de manufactura, se trata de una demanda que está latente, misma que puede reactivarse tan pronto se contenga la propagación del coronavirus. Hay que recordar que la situación no es totalmente inédita; hace 18 años, con posterioridad a la presencia del virus del SARS, la economía tuvo una recuperación sorprendentemente rápida.

México es otro exponente destacado de los encadenamientos productivos globales. Por ello, atender a cabalidad y con rigor las medidas de prevención que han emitido las autoridades sanitarias coadyuvará, sin duda, a atenuar las secuelas en materia de salud, tanto como a la superación de los impactos negativos de la epidemia en las economías nacional y mundial.

Rodolfo Torres Velázquez

Rodolfo Torres Velázquez

Doctor en Ciencias de la Computación e Ingeniería de Software por la Universidad de Newcastle en Australia; Maestro en Ciencias de la Computación por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco; Ingeniero Químico Petrolero por la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del Instituto Politécnico Nacional. Diplomados: Sistemas y Arquitecturas Avanzadas en Informática por el Laboratorio Nacional de Informática Avanzada; Análisis Político Estratégico, por el CIDE; Geografía Electoral Política y Territorio, por el Instituto de Geografía de la UNAM. Certificado en Machine Learning por la Universidad de Stanford y en Financial Markets por la Universidad de Yale.