Por Danner González

@dannerglez

 

En abril van a cumplirse once años de la llegada a México de la influenza AH1N1 que estremeció durante varias semanas al país y conmocionó social y económicamente a la Ciudad de México. A quienes vivíamos en la capital del país, nos tocó enfrentar un panorama desolador: geles antibacteriales y cubrebocas, nadie debía usar corbatas porque se decía que esta podía convertirse en portadora del virus tan temido, no había vacunas y se sospechaba de un complot de las grandes empresas farmacéuticas a nivel mundial en torno a la cepa que recién aparecía.

 

Muchos negocios fueron afectados, las calles estaban vacías; padecíamos –instigados por el gobierno de Felipe Calderón–, un miedo pánico. Suena a pleonasmo pero no lo es. Miedo pánico, nos enseñó por aquellos años Germán Dehesa en su cátedra de literatura en la UNAM, es aquel que provocaba la estampida de las cabras que ponían pies en polvorosa ante el acecho del dios Pan, lujurioso fauno perseguidor de doncellas, ninfas y ovejas.

 

Hoy la historia se repite, pero el escenario es distinto. La llegada del coronavirus (COVID19) a México no nos ha tomado por sorpresa hasta ahora. El gobierno federal ha dicho que cuenta con los protocolos de atención y respuesta ante el virus y que no hay de qué alarmarnos. Hay un abismo de distancia entre esta postura y la del gobierno calderonista de 2009, que hizo todo por espantarnos, que asfixió económicamente a una ciudad de modo irresponsable frente a una epidemia que, lo sabemos hoy, no correspondió a las dimensiones anunciadas de manera alarmista. A la postre se ha hablado de 100 muertes, mismas que nunca fueron confirmadas oficialmente.

 

En los próximos días se irán publicando diez entradas correspondientes al diario que escribí en aquellos días de aislamiento y blogs. No había aún plataformas de streaming ni whatsapp ni memes, ni circulaban de red en red vídeos en donde nos enseñaran a lavarnos las manos al ritmo de Y cómo se mata el gusano…

 

El diario de la psicosis resulta ilustrativo en esta hora porque documenta –jocoso, pues era el tono de la blogósfera por aquel tiempo–, días en que nada o casi nada se sabía al respecto. A veces la lectura es extenuante, no hay pausas, la puntuación del texto no lo admite. He querido respetar aún esa rara sintaxis (escribía desde mi teléfono en el blog directamente) porque me parece que es también un signo de cómo nos sentíamos en ese estado de sitio por aquellos días de epidemia.

 

¡Salud y República!

Diario de la psicosis I.

24 de abril de 2009

Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento…

-Baudelaire

 

Una vez más, la realidad ha tenido el grosero empeño de imitar a la ficción. Anoche se anunció que un extraño virus identificado con la influenza había acosado al Valle de México y que en consecuencia no habría clases el día de hoy. No vi el noticiero, pero supongo que López Dóriga diría algo así como: -Y mire usté, déjeme que le cuente, y esto que le vo’a contar no me lo va usté a creer… Hoy por la mañana la psicosis ya era colectiva, no se sabe a ciencia cierta de qué está hecho el virus aunque algunos dicen que se trata de una mezcla de gripe aviar con porcina (pero eso sí, que chinga y chinga bien, a los humanos). 

 

 

A mediodía la ciudad estaba plagada ya de personas con cubrebocas y las farmacias se abarrotaban de gente comprando antigripales y medicamentos. Para la hora en que esto escribo, está prohibido besarse o siquiera saludarse de mano (yo lo sigo haciendo y este día los abrazos se disfrutan como si fuera el último que a uno van a darle). Los medicamentos se encarecen y es difícil encontrar cubrebocas incluso en las farmacias del Dr. Simi.

 

En la blogósfera todo mundo está posteando en torno al tema. Las autoridades alertan y es vergonzoso que el aviso haya llegado desde Canadá tras la detección del virus en un turista que regresó infectado a su país. Más vergonzoso y preocupante es aún que no se sepa a ciencia cierta cómo combatir al virus.

 

 

 

No hay vacunas aunque el Secretario de Salud diga que sí, y aún si las hubiera de nada servirían porque se trata de un virus distinto. Daniela Bojórquez nos avisa que se cancela “Radiografías de la luz” a causa de la epidemia. Las instituciones culturales del país cancelan sus actividades para el fin de semana y se analiza hacer lo mismo con los partidos de fútbol. (Me avisan: Habrá fútbol en el DF a pesar de la epidemia, y cómo no, si ante el negocio la influenza vale madres). La OMS y la ONU alertan de una posible pandemia como las que asolaron el siglo XX. Ojalá que la numeralia se equivocara, pero los expertos han señalado que aproximadamente cada cuarenta años se presenta una pandemia de magnitudes catastróficas y la última fue en 1968. La de 1918-19 dejó un saldo de 20 millones de muertos.

 

El Universal ha publicado más de 75 notas en el minuto a minuto en torno al tema. En 24 horas aumentó de 79 a 97 personas atendidas en el DF. Las cifras oficiales son optimistas, las extraoficiales dicen que van ya más de 900 muertos en el país. Brotes en Zacatecas. Señalan mis fuentes que el virus se originó en Veracruz. Quizá hasta en eso quiso tener el primer lugar Fidel Herrera, el góber mentirosón.

 

 

La ciudad está siendo presa de la histeria colectiva, y mientras tanto legisladores panistas proponen cercos sanitarios, ghettos pues, a los cinturones de miseria periféricos. A mí por lo pronto ya me acosa una sensación de cosquilleo en la garganta. Las recomendaciones son no ir al cine, ni entrar al Metro, ni a ningún otro lugar cerrado. Los diputados analizan sesionar en un lugar abierto, mis amigos analizan vacunarse con alcohol para inmunizar sus cuerpos.

 

Poco se sabe y mucho se comenta al respecto. Como en una novela de Saramago, la gente toma precauciones, acude a los supermercados y compra provisiones, se acerca a los puestos de piratería y compra películas. El avituallamiento es inminente, también el encierro. No es broma, aunque para nosotros, los mexicanos siempre lo será. En la red circula ya la anunciación del HAPPY INFLUENZA DAY!!!

 

 

Nuestra risa pantagruélica nos ayuda a ocultar la mueca terrorífica. Estamos aquí, sitiados, el sitio lo estamos generando nosotros mismos, aunque tal vez no. Las imágenes lo dicen todo. Me voy a casa. Es posible que relea Ensayo sobre la ceguera. O quizá simplemente veré la película. Saldré del Starbucks al Paseo de la Reforma para olisquear la muerte que flota en el aire mientras canturreo una letra del insufrible Fito Páez: Nadie nos prometió un jardín de rosas / hablamos del peligro de estar vivos.

 

Danner González

Danner González

Especialista en comunicación y marketing político. Ha realizado estudios de Derecho en la Universidad Veracruzana; de Literatura en la UNAM; de Historia Económica de México con el Banco de México y el ITAM, y de Estrategia y Comunicación Político-Electoral con la Universidad de Georgetown, The Government Affairs Institute. Ha sido Diputado Federal a la LXII Legislatura del Congreso de la Unión, Vicecoordinador de su Grupo Parlamentario y Consejero del Poder Legislativo ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Entre 2009 y 2010 fue becario de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en Córdoba, España. Sus ensayos, artículos y relatos, han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Es Presidente fundador de Tempo, Política Constante.