Por Rodolfo Torres Velázquez

@rodolfo_torresv

 

La alta capacidad de contagio del virus COVID-19 ha motivado que en diversos países y regiones del mundo se hayan impuesto medidas orientadas a detener su expansión. En atención al número de casos presentados, las medidas oscilan desde la restricción de la movilidad de las personas, hasta su aislamiento. Los efectos económicos de esas medidas son inevitables: la reducción del consumo de combustibles ha castigado el precio del petróleo, y se ha mermado el turismo; ambos factores han tenido consecuencias desfavorables para la disponibilidad de divisas y para el tipo de cambio.

Es por ello que diversos organismos económicos internacionales han reducido las expectativas de crecimiento económico en todo el mundo y han pronosticado saldos dañinos por venir. Nuestro país cuenta con instrumentos de política económica, de tipo cambiario y financiero, para atenuar esos efectos nocivos. Lo que, aunado a la reciente aprobación por parte de Canadá del tratado comercial, T-MEC, dotan a nuestro país de una mayor estabilidad económica y financiera frente a la actual calamidad sanitaria.

Las severas crisis económicas que padeció nuestro país en los 80 y 90, cuyas consecuencias aún resentimos (por vía, por ejemplo, del Fobaproa), motivaron la instrumentación de medidas económicas de contención frente a esos elevados riesgos puntuales, además de los sistémicos. Es por ello que ahora contamos con: elevadas reservas monetarias —que, de acuerdo con datos de Banco de México (Banxico), al 6 de marzo del presente año, alcanzaron los 185 mil 570 millones de dólares—; abultadas líneas de crédito con disponibilidad inmediata (en noviembre de 2019 México renovó una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional por un plazo de dos años por un monto de 61 mil millones de dólares); un Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) por un monto de 260 mil 185 millones de pesos (a septiembre de 2019); además de coberturas cambiarias y petroleras, entre otras.

Como sabemos, desde el año 1994 nuestra moneda tiene un tipo de cambio de libre flotación con el dólar (y con otras monedas). El tipo de cambio está determinado por las condiciones de oferta y demanda del mercado. El tipo de cambio peso/dólar (denominado Fix) es determinado por el Banxico con base en un promedio de cotizaciones del mercado de cambios al mayoreo y de otros medios electrónicos con representatividad en el mercado de cambios. A partir del crecimiento en el número de casos confirmados de coronavirus, el tipo de cambio tuvo un incremento desmesurado. Según datos publicados por el Banxico, el tipo de cambio pasó de 18.57 pesos por dólar, el 17 de febrero pasado, a 22.15, el 12 de marzo.

Ello motivó que, tanto la Secretaría de Hacienda y Crédito Público como el Banxico, activasen uno de los mecanismos de protección referidos —establecido en el año 2017— y anunciaron, ese mismo día que, por instrucción de la Comisión de Cambios (integrada por ambas instituciones), Banxico subastaría coberturas cambiarias por un monto de 2 mil millones de dólares. Ello con el objetivo de propiciar mejores condiciones de liquidez y un funcionamiento ordenado del mercado de cambios.

Las coberturas cambiarias son contratos que permiten pactar un tipo de cambio específico para realizar operaciones en un futuro determinado. Las coberturas utilizadas, en este caso, tienen la particularidad de que al vencimiento del contrato, el monto es pagado en pesos; de esa manera no se utilizan las reservas internacionales de México. Se considera por ello como un mecanismo de defensa para hacer frente a la volatilidad de los mercados cambiarios, pues permite una mejor planeación y certidumbre sobre los flujos económicos.

En cuanto a la caída en los precios del petróleo, con base en los datos publicados por Banxico, se observa una baja pronunciada en el precio de la mezcla mexicana que, el 3 de enero de este año, tenía un precio de 58.88 dólares por barril y, el 13 de marzo pasado, bajó a 24.19 dólares por barril (el precio más bajo de los últimos años ocurrió el 20 de enero de 2016 con un precio de 18.90). Para afrontar los riesgos de caída en los precios del petróleo, el país ha contratado las denominadas coberturas petroleras. Dichas coberturas, aunque no cubren la totalidad de barriles de petróleo mexicano, tienen el propósito de servir como mecanismos de protección frente a las variaciones abruptas en los precios del combustible. El pasado 9 de enero, el subsecretario de Hacienda informó de la contratación de dichas coberturas, que cubren un precio de 49 dólares por barril. El propio secretario de Hacienda informó que las coberturas buscan respaldar los ingresos petroleros del 2020, que representan alrededor del 4 por ciento del producto interno bruto. En el entendido de que, si el precio del barril es superior a la cifra señalada, no se ejercería la cobertura y nuestro país podría vender su petróleo a un precio más alto que el referido.

Aunque la aparición del coronavirus nos enfrenta a situaciones inéditas, lo cierto es que, saber que contamos con recursos de blindaje económico, nos permite concentrarnos en el objetivo principal; esto es, en atender, con puntualidad y rigor, las indicaciones de las autoridades sanitarias. Conviene, además, hacer caso omiso de quienes están habituados a hacer ganancias de ríos revueltos a costa del miedo e ignorancia de la gente o que, incluso, hacen de ellos un uso perverso.

Rodolfo Torres Velázquez

Rodolfo Torres Velázquez

Doctor en Ciencias de la Computación e Ingeniería de Software por la Universidad de Newcastle en Australia; Maestro en Ciencias de la Computación por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco; Ingeniero Químico Petrolero por la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas del Instituto Politécnico Nacional. Diplomados: Sistemas y Arquitecturas Avanzadas en Informática por el Laboratorio Nacional de Informática Avanzada; Análisis Político Estratégico, por el CIDE; Geografía Electoral Política y Territorio, por el Instituto de Geografía de la UNAM. Certificado en Machine Learning por la Universidad de Stanford y en Financial Markets por la Universidad de Yale.