Editorial

@tempomxcom

La acelerada propagación de la pandemia del COVID-19 ha repercutido en diferentes aspectos de la vida pública y en la cotidianidad de las personas. Evidentemente, lo que más preocupa es el menoscabo a la salud, pero eso no es todo, además están las afectaciones al sector económico y a la paz y la tranquilidad social. Con este contexto, lo primero que llama la atención es la falta de altura de miras por parte de algunos actores políticos que en lugar de abonar a la unidad y la solución del problema, vieron en la tragedia una bandera de golpeteo. 

El panorama es adverso, hace una semana entramos en la fase dos de la epidemia y ya hay casos locales, es decir, que no son exportados de personas que estuvieron en extranjero. Según cifras oficiales expuestas por el director de Promoción de la Salud del gobierno de México, en nuestro país se registran 993 casos y el número de muertes asciende a 20 (hasta el 29 de marzo de 2020). Las cifras no parecen tan alarmantes, pero vale la pena tener en cuenta que en Italia el número de muertes por coronavirus es superior a 10 mil. 

En el aspecto económico, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que a nivel mundial, las pérdidas de empleo a causa del coronavirus podrían superar los 25 millones de trabajos. En México, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), ha expresado que la afectación a la economía sería de al menos 4 por ciento, cifra que podría traducirse en la pérdida de alrededor de 800 mil empleos. 

Por si esto no fuera suficiente, la paz y la tranquilidad social también comienza a tener repercusiones. La semana pasada tuvimos conocimiento de diversos saqueos a tiendas comerciales bajo la excusa de desabasto de productos de la canasta básica, la cual por cierto, ha comenzado a registrar el alza de precios como consecuencia de la especulación comercial. Estas reacciones encuentran su explicación en la psicosis, desinformación e incertidumbre que caracterizan a la crisis que enfrentamos. 

Entonces la solidaridad, la empatía y la unidad se convierten en la mejor apuesta que podemos hacer. El gobierno, en conjunto con todos los actores políticos y la población en general, debemos avanzar en una sola dirección sin mezquindad, compartiendo únicamente información de fuentes oficiales y tratando de entender la realidad de cada uno, sin juzgar y sin alardes de superioridad. En tiempos de COVID no hay espacio para protagonismos, es momento de atender las recomendaciones que emitan las autoridades: ¡Saldremos de este problema!