Por Danner González

@dannerglez

“En tiempos de fugitivos, quien tome la dirección contraria parecerá que está huyendo.”

-Ana Curra

El pasado 3 de abril, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), organismo dependiente de la ONU, presentó su Informe Especial No. 1, América Latina y el Caribe ante la pandemia del COVID-19. Efectos económicos y sociales.1 Intentaré sintetizar las observaciones del informe de referencia, a fin de contrastar lo allí señalado con las políticas públicas en materia económica y social adoptadas por el gobierno mexicano. La crisis sanitaria adquiere visos de crisis política, la polarización se mediatiza, corre fugaz en redes sociales como un reguero de pólvora. Las falacias están al orden del día, por eso es pertinente imprimirle seriedad al debate y visión de conjunto en el contexto internacional. 

En una contingencia no hay –eso lo sabe quien ha sido gobierno– recetas definitivas ni tablas de la ley infalibles. Por eso es de especial relevancia que el informe enfatice que “algunos de los mecanismos tradicionales de mercado podrían no ser suficientes para enfrentarla debido a la interrupción de las actividades productivas y la consiguiente contracción de demanda”.2 Las políticas públicas deben ajustarse a la realidad que, en tiempos de emergencia, cambia vertiginosamente. 

El pronóstico es de recesión mundial en el largo plazo. En el mediano plazo, quiebra de empresas, reducción de la inversión privada, bajo crecimiento económico, menor integración en cadenas de valor y deterioro de las capacidades productivas del Estado. En el corto plazo, desempleo, menores salarios e ingresos, aumento de la pobreza y la pobreza extrema; mayores costos, fragmentación y ampliación de la brecha de desigualdad de acceso a los sistemas de salud. 

El desempeño económico de la economía mundial ya era débil antes de la pandemia del COVID-19. En el período 2011-2019, la tasa media de crecimiento mundial fue del 2,8%, cifra significativamente inferior al 3,4% del período 1997-2006. En 2019, la economía mundial registró su peor desempeño desde 2009, con una tasa de crecimiento de solo un 2,5%. Ya antes de la pandemia, las previsiones de crecimiento del PIB mundial para 2020 se habían revisado a la baja.3

CEPAL parece ser enfática respecto a quienes demandaban al gobierno el cierre desde principios de marzo: 

La magnitud del choque de demanda agregada debido a la reducción del consumo de bienes y servicios (incluidos el turismo y los servicios de entretenimiento) dependerá no solo de las medidas impuestas por los gobiernos (cuarentenas y restricciones de movimiento) sino también de la respuesta de los individuos y su reacción a las circunstancias, en particular con respecto al autoaislamiento y el distanciamiento social.4

Muy importante resulta su diagnóstico en torno a la deuda pública: 

La acumulación de deuda ha superado el crecimiento del ingreso mundial y alcanzado niveles sin precedentes: en el tercer trimestre de 2019, la deuda mundial alcanzó los 253 billones de dólares, o el 322% del PIB mundial. La acumulación de la deuda se dio junto con una disminución de las condiciones de los préstamos y una mayor asunción de riesgos por parte de los inversores en su búsqueda de rendimientos. Aunque el aumento de la deuda se produjo en todos los sectores (hogares, el sector corporativo no financiero, el gobierno y el sector financiero), lo que suscita mayor preocupación es que gran parte de esa acumulación desde la crisis financiera mundial se ha producido en el sector corporativo no bancario. Este sector puede ser muy afectado por la disrupción de las cadenas de suministro y la reducción del crecimiento mundial que implican menores ingresos y mayores dificultades para el servicio de la deuda ante las disrupciones de las cadenas de pagos.5

Entonces, ¿es plan o no es plan lo propuesto por el Presidente? 

Si la deuda pública experimentará dificultades de pago, gestión o reestructuración, tiene sentido preguntarse si no será la ruta correcta evitar el endeudamiento ante la inminente recesión mundial que se avecina. Si las exportaciones se reducirán, como indica el contexto internacional,  tiene sentido preguntarse si no será la ruta correcta alentar el crecimiento, la producción y el consumo interno, por encima de exportaciones que de acuerdo a los pronósticos, se reducirán tanto en volumen como en valor. 

El aumento del desempleo y del subempleo impactará principalmente en el sector informal. Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo, el escenario medio para 2020 proyecta un aumento del desempleo de 13 millones de personas en América Latina. Por ello no es menor lo anunciado por el Presidente,6 porque su política de creación de empleos atiende a quienes se encuentran en el quintil de ingresos más bajo de la población. 

CEPAL apunta: “La crisis tendrá mayores impactos en los más vulnerables: personas con problemas de salud subyacentes, adultos mayores, jóvenes desempleados, personas subempleadas, mujeres, trabajadores desprotegidos y trabajadores migrantes, con los consiguientes aumentos en la desigualdad.”7 En este contexto, la asistencia social no es un tema de oportunidad electoral sino de humanidad del Estado. El asistencialismo no resuelve de tajo la desigualdad y el problema central de la distribución del ingreso, pero es, en palabras de Ugo Pipitone “un deber político en contextos de aguda desigualdad social”.8 

Volvamos al Informe de CEPAL: 

Los países exportadores de petróleo experimentarán la mayor pérdida en el valor de ventas al exterior. México, la República Bolivariana de Venezuela, el Ecuador y Colombia pueden ser los países más afectados, ya que sus costos de producción son más altos que los de muchos otros productores y, por lo tanto, tienen menos capacidad para soportar un período prolongado de precios bajos.9

Nuevamente, ¿no será que el gobierno está en la ruta correcta al plantear desde el principio la necesidad de bajar los costos de producción del petróleo mediante el aumento en la capacidad de refinación de las gasolinas, con Dos Bocas como proyecto estratégico? 

Que los servicios de salud son insuficientes en México no es un secreto. El sector ya estaba en crisis como puede verse mediante una búsqueda rápida en Google, con infinidad de reportajes que alertaron desde hace al menos dos sexenios de los números rojos de instituciones como el IMSS o el ISSSTE. 10 La gráfica siguiente muestra la realidad de México hasta la última medición disponible, correspondiente a 2018. 

Es claro que nos gustaría tener las condiciones económicas de Suiza o Dinamarca, pero esperar que el gobierno de México responda con medidas de primer mundo es una ilusión que mediáticamente vende bien, pero es solo eso, un espejismo que no corresponde a nuestra realidad ni a nuestras posibilidades. Las políticas públicas no pueden ser las mismas en todas partes porque el deber de un jefe o jefa de Estado es tomar decisiones a partir del conocimiento de su país, de sus recursos disponibles y con la mejor imaginación sociológica a su alcance. Si no me cree, pregúntese: ¿Una familia hace de comer con lo que tiene en su despensa o con lo que ve que puede hacer de comer la familia de enfrente?

América Latina hoy

Al referirse a las experiencias reformistas de Brasil, Chile y Uruguay, Ugo Pipitone sostiene que dos periodos presidenciales son “un plazo suficiente para intentar una lectura no circunstancial de estas experiencias”.11 Dichos gobiernos descubrieron que: 

Una deuda exterior excesiva, presupuestos públicos estructuralmente desequilibrados o tasas de inflación fuera de control no eran costos aceptables al fin de producir los bienes y los empleos necesarios para un mayor bienestar social y una menor desigualdad.12 

A diferencia de lo que ocurre ahora, con un entorno adverso, la primera década del siglo XXI significó para las economías latinoamericanas, años de bonanza explicada en razón de los altos precios internacionales de las materias primas. Para situar la forma en que unos países lo aprovecharon y otros no, basta acotar que mientras Lula utilizó el superávit para pagar la deuda de Brasil con el Fondo Monetario Internacional, mientras que otros mandatarios dilapidaron los recursos obtenidos por concepto de excedentes en los precios del barril de petróleo, que por aquellas épocas llegó a cotizarse arriba de los 100 dólares.13 No hay nota positiva, por citar un ejemplo, en el caso de los doce años de gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, en la misma época en que Lula lograba triplicar las exportaciones y aumentar en siete veces las reservas internacionales de su país.14 

Según datos de CEPAL,15 una década después de la llegada de Lula a la presidencia en 2003, la pobreza se había reducido en Brasil cerca de 30 millones y la clase media había aumentado de 39 a 52 millones de personas. ¿Cuáles fueron las políticas implementadas por el gobierno de Lula? Fundamentalmente tres: Bolsa Familia (2003), un programa de transferencia condicional de liquidez a las familias más pobres; el Programa de Aceleración del Crecimiento (2007) para expandir y modernizar la infraestructura del país y la ampliación del crédito al consumo de las familias más pobres en su segundo mandato. Hacia 2013, la tasa de desempleo era también la menor registrada en su historia. ¿Enfurecieron los barones del dinero en Brasil? Un rápido vistazo a las noticias brasileñas en torno a la retaliación de que han sido objeto Lula y Dilma después de 2015 puede indicarnos cuáles fueron los intereses que lastimaron. 

Otro tanto sucedió en Chile. Tras los gobiernos de Lagos y Bachelet la pobreza se redujo significativamente de 20 a 11 por ciento entre 2000 y 2011. La apuesta de nuevo fueron los programas de protección social no contributiva: Se amplió el sistema de pensiones, se creó el seguro de desempleo y el Programa Chile Solidario (parecido a Bolsa Familia); se repartieron becas de apoyo a la educación, se subsidió la contratación de jóvenes y se apoyó el acceso a la vivienda popular.16 

Por cuanto hace al Uruguay, la pobreza se redujo del 34 por ciento en 2006 a 10.5 por ciento en 2014, hacia el final del gobierno de José Mujica. La apuesta fue la misma que en los dos casos anteriores: transferencias directas en apoyo a las familias más pobres (PANES: Plan de Atención a la Emergencia Social, transformado en 2008 en Plan de Equidad), la ampliación de la seguridad social para trabajadores rurales y domésticos, planes de asistencia para adultos mayores y el reparto de computadoras portátiles a niños de educación primaria.17 

Es claro que para alguien de clase media o alta, una transferencia bimestral de dos o tres mil pesos no significa mucho, pero para sectores sociales que han vivido siempre en la emergencia, familias que viven con menos de un salario mínimo al día, puede hacer la diferencia entre comer y no comer, comprar o no sus medicinas, enviar a sus hijos a la escuela o a trabajar al campo. 

El informe de CEPAL concluye recomendando acciones puntuales, entre las cuales sugiere incrementar la transferencia directa de apoyos no contributivos, pero además observa:   

América Latina y el Caribe enfrenta la pandemia desde una posición más débil que la del resto del mundo. Antes de la pandemia, la CEPAL preveía que la región crecería un máximo del 1,3% en 2020. Sin embargo, los efectos de la crisis han llevado a cambiar esa previsión y pronosticar una caída del PIB de al menos un 1,8%. Sin embargo, no es de descartar que el desarrollo de la pandemia lleve a previsiones de contracciones de entre un 3% y un 4%, o incluso más. El impacto económico final dependerá de las medidas que se tomen a nivel nacional, regional y mundial.18

Ensayo a continuación algunas conclusiones que pueden desprenderse de un análisis puntual de la situación que vivimos. 

Primera. Las contingencias no se prevén, por eso son “contingencias”. No es tiempo para la ingenuidad política, es tiempo de entender que se ha puesto en marcha una reconfiguración del orden geopolítico y económico mundial. Nuestra responsabilidad estriba –en un contexto desigual frente a la volatilidad de los mercados, tal como funcionan hoy– en reconocer nuestra realidad como latinoamericanos y construir a partir de allí, una nueva realidad dentro de los límites de lo posible. 

Segunda. Las experiencias recientes de Brasil, Chile y Uruguay, nos muestran que primero hay que visibilizar a los pobres y eso sólo es posible mediante los programas de protección social no contributiva. Lograda su visibilización, entonces el reto es convertirlos en actores del desarrollo productivo del Estado. No es cosa fácil. Brasil requirió los gobiernos de Lula y Dilma para reducir la pobreza. Chile requirió de la continuidad de los gobiernos de Lagos y Bachelet. Uruguay de períodos sucesivos de Tabaré y Mujica. 

Las cifras están ahí y también los métodos, pero una cosa es clara: la política no puede ser la ensoñación de un hombre solo, sino voluntad de futuro compartido. Esta voluntad de futuro requiere de un entramado institucional que es preciso construir y luego sostener en el tiempo. Se requieren al menos, parafraseando de manera muy rápida a Maquiavelo en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, dos hombres buenos: uno que siente las bases del nuevo Estado y uno que las consolide en el tiempo. Si era una tarea compleja en tiempos de reyes y principados, imaginemos por un momento el tamaño del desafío en medio del trepidante ritmo de nuestras democracias. 

Tercera. El Presidente López Obrador ha puesto en marcha un Plan Nacional de Desarrollo con base en lo que ha sostenido a lo largo de tres campañas presidenciales. Y lo ha refrendado como su apuesta en la emergencia, anunciando que se redoblarán esfuerzos de sus programas de protección social no contributiva,19 porque su apuesta es una sola: “Por el bien de todos, primero los pobres”.

La forma de AMLO pudiera no gustar, pero tenemos que aprender a escuchar mejor, en medio del ruido incesante de nuestro tiempo. En su discurso del domingo 5 de abril ha citado a Roosevelt, diciendo que lo considera el mejor presidente estadounidense de la historia. No es una alusión casual sino una declaración de intenciones en medio de la ratificación de su particular New Deal. Allí mismo dijo el Presidente: “La esperanza, no lo olvidemos, es una fuerza muy poderosa, es como el bien que, aunque no existiera, habría que inventarlo.”

Es verdad que podría comunicar mejor, pero es en la falibilidad de los juicios humanos, donde la política muestra por qué es, a pesar de todo, el arte de lo posible. Más allá de su estilo personal de gobernar, en medio de la incertidumbre, hay una certeza inamovible: el compromiso de este gobierno con los que menos tienen. 

Cuarta. A los hombres de Estado se les conoce en las emergencias, pero solo el tiempo coloca a cada cual en el sitio que le corresponde. Ya habrá ocasión de hacer las sumas y las restas. Mientras ese tiempo llega nuestro deber es estar a la altura de la realidad histórica que la emergencia exige y ser solidarios en tiempos en que para muchos, todo parece perdido. 


Fuentes: 

1. CEPAL. Informe Especial No. 1, América Latina y el Caribe ante la pandemia del COVID-19. Efectos económicos y sociales.Disponible en línea en: https://crm.cepal.org/civicrm/mailing/view?reset=1&id=783 Última consulta: 10 de abril de 2020.

 2. CEPAL, Informe, p.1.

3. CEPAL,Informe, p. 2.

4. CEPAL, Informe, p. 3.

5. CEPAL, Informe, p. 3 y 4. 

6. Al tiempo de realizar esta investigación, el Presidente López Obrador ha anunciado una inyección de 25 mil millones de pesos en el sector de las PYMES para apoyar a un millón de pequeñas y medianas empresas que, de acuerdo con datos de la Secretaría del Trabajo y el Instituto Mexicano del Seguro Social, se han mantenido hasta ahora solidarias con sus trabajadores, mientras que los más grandes consorcios empresariales –en cuya lógica económica no está dejar de incrementar su riqueza– han sido quienes más trabajadores han despedido durante lo que va de la emergencia por el COVID-19. Información disponible en : 

https://www.jornada.com.mx/ultimas/politica/2020/04/08/se-pierden-por-crisis-346-mil-puestos-de-trabajo-insta-amlo-a-evitar-despidos-1621.html Última consulta: 10 de abril de 2020.

7. CEPAL, Informe, p. 5.

8. Pipitone, op. cit. p. 470.

9. CEPAL, Informe, p. 8. 

10. Xanath Lastiri y Daniela Barragán, “Sistema de salud. El IMSS y el ISSSTE en alerta financiera”. Sin Embargo, 23 de julio de 2015. Disponible en: https://www.sinembargo.mx/23-07-2015/1423731 Última consulta: 10 de abril de 2020.

11. Ugo Pipitone, La esperanza y el delirio. Una historia de la izquierda en América Latina. Ed. Taurus-CIDE, México, 2015. p. 441. 

12. Op. cit., p. 445.

13. La confianza se extiende a los inversionistas nacionales y extranjeros a juzgar por el hecho de que entre 2001 y 2013 la formación bruta de capital fijo pasa de 16 a 21 por ciento del PIB mientras las inversiones extranjeras directas se incrementan, en términos absolutos, de 24 a 62 mil millones de dólares. Brasil desplaza a México como el principal destinatario latinoamericano de inversiones directas del exterior. En virtud del elevado crecimiento, la deuda externa que representaba 45 por ciento del PIB en 2003 se reduce a 14 por ciento en 2013. (Íbid, p. 458).

14. Véase la Investigación de Dulce Olvera y Daniela Barragán para Sin Embargo (30 de mayo de 2016) “PEMEX dio 420 mil millones de dólares a Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa. ¿Dónde están?” https://www.sinembargo.mx/30-05-2016/1665723 Última consulta: 10 de abril de 2020.

15. CEPAL, Panorama social de América Latina 2013.

16. Pipitone, op. cit., p. 465.

17. Íbid, pp. 468-469.

 18. Informe CEPAL, p. 5.

19. “En suma, los programas sociales y de desarrollo promovidos por el gobierno, este año llegarán a 22 millones de beneficiarios. De igual forma, se otorgarán 2 millones 100 mil créditos personales, de vivienda y para pequeñas empresas familiares del sector formal e informal de la economía. Asimismo, y esto es muy importante, vamos a crear en nueve meses, 2 millones de nuevos empleos.” https://lopezobrador.org.mx/2020/04/05/discurso-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-en-su-informe-al-pueblo-de-mexico/ Última consulta disponible: 10 de abril de 2020.

 

Danner González

Danner González

Especialista en comunicación y marketing político. Ha realizado estudios de Derecho en la Universidad Veracruzana; de Literatura en la UNAM; de Historia Económica de México con el Banco de México y el ITAM, y de Estrategia y Comunicación Político-Electoral con la Universidad de Georgetown, The Government Affairs Institute. Ha sido Diputado Federal a la LXII Legislatura del Congreso de la Unión, Vicecoordinador de su Grupo Parlamentario y Consejero del Poder Legislativo ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Entre 2009 y 2010 fue becario de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en Córdoba, España. Sus ensayos, artículos y relatos, han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Es Presidente fundador de Tempo, Política Constante.