Por Yanelli Santillán R.

El Sistema Penitenciario mexicano enfrenta una grave crisis desde hace décadas. Hacinamiento, violación a los derechos humanos, sobrepoblación y autogobierno son algunas de las principales fallas que se tienen, pero sin duda, una de las deudas más grandes del Estado es la reinserción social. En las cárceles de México los ambientes son hostiles, las películas o series que hemos llegado a ver en nada se comparan con lo que es la realidad. 

En la serie de Netflix Orange Is the New Black, basada en el libro autobiográfico Orange Is the New Black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres de Piper Kerman, quien relata sus experiencias durante el año que pasó en una cárcel de mujeres como consecuencia de sus negocios con el tráfico de drogas, expresan como mantra la siguiente frase “una sentencia dos condenados”

Para mí, eso es una realidad, pero me parece que se queda corta porque no solo son dos los condenados. Cuando una persona se encuentra recluida, de una u otra manera, se afecta a toda su familia e incluso a sus conocidos más cercanos. El solo pensar que se está en un centro penitenciario cambia todo el panorama de una vida, desde el miedo y la incertidumbre que eso genera, hasta el hecho de estar frente a un juez persona que decidirá el futuro, deja ver que las personas que enfrentan supuestos de este tipo, no volverán a ser las mismas. 

Se podría pensar que al compurgar una pena, habría condiciones para retomar la vida que se tenía antes de recibir una sentencia por la comisión de un delito y en un país como México, antes de ser víctima de alguna injusticia o del clásico “usted disculpe” después de años en prisión sin recibir sentencia. Sin embargo, una vez que una persona obtiene su libertad, su forma de vida es diferente, sufren la estigmatización social, el señalamiento público y la falta de oportunidades. Además, todo lo que esa persona se llegó a perder por estar interno, desde una fiesta familiar, hasta el fallecimiento de un familiar, etc., no se recupera jamás. 

Hace poco, un prestigiado abogado me preguntó mi opinión acerca de los derechos humanos en el nuevo Sistema Penal Acusatorio, a lo cual respondí que los derechos humanos constituyen el punto inicial de cualquier proceso judicial y en el ámbito penal representan la oportunidad de que cualquier persona pueda acceder a una debida defensa. 

Los derechos humanos resultan indispensables para salvaguardar el desarrollo integral de cualquier persona, es por ello que como peritos en derecho, debemos estudiar y proteger en todo momento la esfera jurídica de las personas que confían en nosotros, como postulantes o como servidores públicos. La esperanza de un mundo seguro y habitable recae en gente inconformista y disciplinada que están dedicadas a la justicia, a la paz y hermandad Martin Luther King, Jr.

Muchas personas que se han visto inmiscuidas en un proceso penal con la calidad de inculpado, han aprendido su lección, es por ello que vale la pena hacer un llamado a ser empáticos: No prejuzguemos. No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. Mahatma Gandhi, pero también es pertinente dejar de romantizar la violencia que se muestra en las series y películas que vemos para entreternos: Son ficción, no modelos a seguir y mucho menos, historias para admirar. 

 

Yanelli Santillán R.

Yanelli Santillán R.

Es Licenciada en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cuenta con diversos diplomados en materia de derechos humanos, igualdad, no discriminación y derecho penal. Su trayectoria profesional comprende instituciones como el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX), el Registro Agrario Nacional (RAN) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del proyecto de Fortalecimiento de la Capacidad Operativa del Registro Agrario Nacional.