Por Javier Santiago Castillo

@jsc_santiago

Los estragos del coronavirus continúan impactando a la sociedad como perdigones de un escopetazo. En el artículo anterior se puso énfasis en que la pandemia y sus consecuencias económicas, sociales y políticas debieran verse desde la perspectiva de la Seguridad Nacional, pues la afectación a la vida nacional es grave. Se señalaron las deficiencias conceptuales y otras debilidades, sobre todo, en este momento, la ausencia del programa de Seguridad Nacional y la falta de una agenda de riesgos actualizada, misma que debe modificarse acorde con los cambios sociales, económicos, políticos y naturales internos y externos.

Durante el sexenio pasado, el general Jorge Carrillo Olea, en su libro Inteligencia Estratégica para TODOS, cuestionó que “…La actual administración federal desarregló un todavía endeble sistema de inteligencia, producto de avatares de más de tres décadas, lo angostó…”, “Decidió convertir un esquema integral de inteligencia que hubiera estado a su servicio en una comisaria de lo criminal…”

Parece ser que esa tendencia de incomprensión, de la trascendencia de conocer los posibles riesgos a la Seguridad Nacional, se profundiza en la actual administración; al no valorar las consecuencias negativas que puede tener para la gobernanza del país. Esa tendencia tiene hechos que la confirman: primero, se reformó la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal para que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) quedara integrado a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Tal decisión deja ver, al menos, una gran confusión conceptual que no distingue jerarquías ni diferencias de la dimensión de las problemáticas que enfrentan la seguridad pública y la Seguridad Nacional.

Segundo. Se reformó el artículo 5° de la Ley de Seguridad Nacional, sólo para considerar amenazas a la Seguridad Nacional a los “Actos tendentes a obstaculizar o bloquear actividades de inteligencia o contrainteligencia; Actos tendentes a destruir o inhabilitar la infraestructura de carácter estratégico o indispensable para la provisión de bienes o servicios públicos, y Actos ilícitos en contra del fisco federal a los que hace referencia el artículo 167 del Código Nacional de Procedimientos Penales.”

En este último artículo se encuentran los delitos de contrabando y su equiparable, defraudación fiscal y su equiparable y la expedición, venta, enajenación, compra o adquisición de comprobantes fiscales que amparen operaciones inexistentes, falsas o actos jurídicos simulados. Esta reforma tiene su complejidad al calificar, sin duda delitos graves, como amenazas a la Seguridad Nacional y requiere de un examen exhaustivo que la limitación de espacio no permite. Lo que hay que resaltar es el interés de la administración en endurecer las sanciones penales relacionadas con la defraudación fiscal, que al final de cuenta son actos de corrupción. Pero sin tener la intención de reformular la visión sobre la Seguridad Nacional.

Cada país debe desarrollar un sistema de Seguridad Nacional (SN) propio, porque es obvio que los intereses geopolíticos, la ubicación geográfica, las características orográficas e hidrológicas, la cultura, las capacidades económicas, militares y muchos otros rasgos nacionales son diferentes.

Asumiendo esa heterogeneidad, existen reglas metodológicas comunes que tienen un objetivo central que es “…La oferta de un sistema de inteligencia para la SN es entregar al Jefe del Estado datos que permitan un avanzado grado de certidumbre en el terrible acto de gobernar. Es esencial destacar la importancia que reviste la IE (Inteligencia Estratégica) para el buen liderazgo. Se le llama así, estratégica, por sus alcances generalizados en la vida de un país. Es amplia, general, totalizadora, teóricamente versátil y puntual cuando es necesario. Es la óptica del conocimiento que necesita el estratega —político, económico, social o empresarial— para pronosticar y resolver anticipadamente un problema, considerando que la trascendencia de las soluciones estratégicas necesita de un conocimiento avanzado del problema para poder anticiparse reaccionando…” (Jorge Carrillo Olea).

Luego entonces, la Inteligencia estratégica es una herramienta esencial y compleja para proporcionar los elementos para la toma de decisiones con visión de futuro. La misión de la inteligencia es generar conocimiento para anticiparse a las amenazas y asistir a la toma de decisiones. No deben confundirse los diferentes niveles de los ámbitos de acción de la inteligencia estratégica, inteligencia operativa y la inteligencia táctica.

Estas reflexiones iniciales tienen el fin de acercarnos primariamente a analizar desde esta perspectiva la coyuntura actual. Hemos señalado las debilidades del modelo de Seguridad Nacional, que es el del sexenio anterior, porque la actual administración no tiene. A pesar de esas fragilidades es posible y a la vez indispensable elaborar un plan para salir de la crisis consecuencia del COVID-19, para no actuar casuísticamente.

En el caso de México, la Seguridad Nacional y su aspecto concomitante, la Inteligencia Estratégica, tiene tres grandes tareas: la dirección, el análisis y la predicción.

“La dirección de la inteligencia debe estar sujeta sólo al Presidente de la República. Sirve como su principal asesor en la materia y es la cabeza y coordinador de la comunidad en la materia.” (Carrillo Olea)

En relación al análisis, “Las tareas centrales del analista son: Ser el asesor principal del Ejecutivo cabeza de la organización, así como coordinar al personal dedicado a la materia; formular, someter a aprobación y dirigir el esfuerzo de inteligencia de la corporación, el cual debe entenderse como la conjunción de capacidades intelectuales, materiales y ejecutivas a favor de las metas señaladas.”

“La predicción es un acto que tiene que ver con poder conocer o estimar cómo será el futuro y hacer de toda esta información algo útil…”

“En materia de Inteligencia Estratégica sencillamente habrá que decir que la predicción es el deber esencial y final.” (Carrillo Olea).

Siguiendo esta lógica, el punto de partida de las grandes tareas es la dirección, lo cual implica la intervención de diversas áreas gubernamentales en la realización de múltiples labores, para que el titular del Poder Ejecutivo cumpla su función constitucional de preservar la Seguridad Nacional.

El análisis en esta coyuntura de la pandemia corresponde a las diversas instituciones del Estado involucradas directa o indirectamente, la instancia concentradora de la información debe ser el Centro Nacional de Inteligencia, el cual debiera presentar una visión integral al Consejo de Seguridad Nacional, para que desde una reflexión multidisciplinaria asesore al Presidente para la toma de decisiones pertinentes para la atención de la pandemia y sus repercusiones.

Es evidente que sin el cumplimiento de los dos pasos anteriores cualquier predicción fracasará. Desde el inicio de la pandemia se vio la ausencia de las tres grandes tareas de la Inteligencia. La falta de Dirección se reflejó con nitidez en las declaraciones de que no pasaba nada, la persistencia de las giras presidenciales, el salgan, abrácense, etc., hasta las recientes declaraciones que en voz del Jefe de Estado: concluir la etapa de la sana distancia “y si hay rebrote de la pandemia nos volveremos a confinar”, “ya domamos la pandemia”, “vamos bien”, “ya tocamos fondo” y “la recuperación económica será rápida”.

Las contradicciones en el discurso y las decisiones evidencian que no existe una valoración y construcción de escenarios de la expansión de la pandemia y sus consecuencias como problema grave que atenta contra la Seguridad Nacional. No hay noticia de que el Consejo de Seguridad Nacional haya sesionado, lo cual confirma que no se está considerando la pandemia como un asunto de Seguridad Nacional.

Javier Santiago Castillo

Javier Santiago Castillo

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, con mención honorífica por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Candidato a Doctor en Ciencia Política en la misma institución. Es profesor titular “C” tiempo completo de la UAM-I, actuó en los 80's como coordinador nacional de capacitación electoral del Partido Mexicano Socialista; y representante de casilla del Partido Mexicano de los Trabajadores, de cuyo Comité Nacional formó parte. En los procesos electorales de 1991 y 1994 fue Consejero en el XXXVI Consejo Distrital Electoral del Instituto Federal Electoral en el D.F; se desempeñó como coordinador de asesores de Consejero Electoral del Consejo General en el Instituto Federal Electoral; representante del IEDF ante el Consejo de Información Pública del Distrito Federal; y Consejero Presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal.