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Por Pamela Robles

@_PamRo_

 

¿Recuerdan el juego de la cuerda donde un equipo sostenía un extremo de la cuerda y otro equipo jalaba el otro extremo? Bueno, ahora imaginen que de igual manera estamos solos sosteniendo y jalando un extremo de la cuerda, mientras que del otro lado está una persona que nos ha insultado, engañado, ofendido, maltratado o a abusado de nuestra confianza. Mientras más jalemos de la cuerda, la otra persona hará lo mismo y el único resultado que tendremos será dolor, marcas y tal vez hasta sangre en nuestras manos. ¿No será más sensato soltar la cuerda?

A esta cuerda yo le doy el nombre de resentimiento, concepto que el filósofo Friedrich Nietzsche introdujo como “uno de los pilares de la moral de los esclavos, de los sometidos, de quienes son incapaces de actuar por su iniciativa”. Esto quiere decir que el resentimiento nos esclaviza, nos somete.

Si esto es así, entonces ¿por qué nos esclavizamos nosotros mismos con resentimiento?

Existe un cuento que más o menos dice así:

Dos hombres habían compartido injustamente una celda en prisión durante varios años, soportando todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez en libertad, se encontraron años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

– No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – contestó – ¿Y tú?

– Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

Nosotros tenemos el control de nuestros sentimientos y nuestros resentimientos. Es cierto que a veces parece que las personas o las situaciones a nuestro alrededor nos lastiman. Si lo hacen con dolo o no, es un tema para otra ocasión. Lo importante es entender que su actuar no depende de nosotros, ni podemos hacer nada para cambiarlos. Lo único que queda en nuestras manos es cambiar la forma en cómo tomamos las actitudes de los demás, es decir “soltar la cuerda”.

Thich Nhat Hanh, nominado al Premio Nobel de la Paz, enfatiza: “en el momento que te enojas, tiendes a creer que tu desdicha la ha creado otra persona, y la culpas de tu sufrimiento. Pero al observarlo más a fondo, quizá descubras que el principal causante de tu sufrimiento es la semilla de la ira que hay en ti. Muchas otras personas, al afrontar la misma situación, no se enojarán como tú”.

Echarle la culpa a los demás por nuestra desdicha y por nuestro enojo es mucho honor para aquellos quienes no se merecen tal nombramiento. Cada uno de nosotros somos lo suficientemente valiosos e inteligentes para hacernos responsables de nuestra felicidad o nuestra desdicha, dependiendo de cómo queramos vivir.

La famosa oración del Padre Nuestro de la religión católica dice: “… perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” Creamos o no en esta religión, esta correcta frase nos invita a perdonar, solo con la finalidad de poder vivir en paz, pasar la página, salir de nuestra propia esclavitud.

Para superar el resentimiento Julio Lorenzo Rego nos regala cuatro consejos en su libro “La terapia del perdón”:

  • Ponerse en lugar del otro: Nunca sabemos la realidad que está viviendo el otro, que lo lleva a tener ciertas actitudes.
  • Pensar que quizá el otro necesita ayuda: Todos en algún momento de nuestra vida necesitamos de otros.
  • Entender que podemos decidir: Podemos seguir jalando la cuerda o soltarla.
  • No buscar perfecciones exageradas: Todos cometimos, cometemos y cometeremos errores.

Los invito a hacernos responsables de nosotros mismos y, cuidar nuestra salud mental y física, dejando atrás nuestro resentimiento, sobre todo los que tenemos con nosotros mismos, recordando las palabras de Buda: “Aferrarse al odio es como tomar veneno y esperar que la otra persona muera”.

Pamela Robles

Es diseñadora gráfica y mercadóloga. Trabajó en reconocidas agencias de publicidad como directora de arte, fue gerente del periódico Imagen en el estado de Veracruz y profesora de Marketing a nivel licenciatura. Consciente de sus emociones y en continua búsqueda de la felicidad.