Por Danner González
@dannerglez

“A la mayor parte de la gente la mueve más el miedo al mal que la esperanza al bien”. – Quintiliano

En la mitología griega se cuenta que dos hermanos acompañaban a Ares y a la diosa Enio a la guerra: Deimos y Fobos. Personificación del horror y del temor, los gemelos eran hijos de Ares, dios de la guerra y de Afrodita, diosa del amor. También del amor nace el espanto, como parecen decirnos unos versos de Borges: “No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”.

En el campo de batalla aparecía primero Fobos, sembrando el terror, poniendo en fuga a los combatientes. Después entraba Deimos, paralizando a los guerreros ante la inminencia del dolor o de la muerte. El primer impulso del miedo es la huida. El segundo, la parálisis. Hesíodo, en su Teogonía se refiere a estos gemelos y su bien articulada estrategia: “Dioses terribles que conducen en desorden a las filas cercanas de los hombres en una guerra insensible, con la ayuda de Ares, saqueador de ciudades”.

En la política actual, Deimos y Fobos siguen articulando el horror, sólo que ahora lo hacen mediante refinadas técnicas de neuromarketing. Nuestro siglo, interpretado a menudo en clave de miedo, atestigua campañas electorales que apelan a las emociones reptilianas del ser humano, que está hoy más indefenso y desnudo que nunca.

En la era de Trump, de Bolsonaro y del Brexit, Cambridge Analítica no es una excepción, sino una constante en la manipulación de los instintos básicos: la latencia de un peligro o de una amenaza, de un candidato que amenaza al statu quo de los votantes. Nada es privado, nos advierte un muy recomendable documental que bajo ese título puede consultarse en Netflix.

Christian Salmon sostiene que hemos pasado de la era del storytelling a la ausencia de relato. Priman así las sospechas, las dudas, la falta de certezas, la amenaza a los valores y las creencias personales, la estridencia. “El aullido de Marsias desollado triunfa sobre la retórica articulada de Apolo”, dice en Gramáticas de la creación George Steiner. Deimos y Fobos se manifiestan en forma de algoritmos y biosensores que nos investigan y nos conocen quizá mejor que nosotros mismos. Poco a poco, estas estrategias de articulación del miedo invaden nuevos territorios.

Por estos días circula un tráiler de Nuevo Orden, la más reciente película de Michel Franco, que narra una sublevación de indígenas pobres sobre las clases altas en México. Aún no conocemos la película, pero vale la pena preguntarse a quién sirve –en medio del debate actual– la ficción del cineasta, que aventura un futuro subversivo de los que menos tienen. La desigualdad se agranda con el miedo de las clases media y media alta a perder sus privilegios. Muchas estrategias de campaña apuestan a ello.

En cada vez más países, un discurso de izquierda progresista recibe como respuesta de sus contrincantes, la acusación de querer convertir al Estado de referencia en Venezuela o Cuba. Sucedió en España ante la irrupción de Podemos, en Estados Unidos frente a la alternativa de Bernie Sanders y en México en cada campaña del hoy presidente López Obrador: “Un peligro para México”.

Con la consolidación de la tecnopolítica, cada vez será más fácil ser presa de campañas mediáticas que apelen a nuestros miedos más íntimos. Frente a estas estrategias, que atacan directamente la psique humana, los partidos y candidatos habrán de conjurar el miedo mediante campañas inteligentes, de rápida y firme respuesta, contrastando la propuesta frente a sus adversarios e inyectando altas dosis de alegría y esperanza.

Plutarco registra que Alejandro Magno, antes de la batalla de Gaugamela, realizó sacrificios a Fobos, a fin de ahuyentar el miedo entre la tropa. Darío III, el persa contra cuyo ejército combatiría, lo supo. La guerra psicológica precedería lo que sucedió después en el campo de batalla. Al miedo hay que exorcizarlo antes de que produzca efectos irreversibles, en la guerra y en la política como en la vida misma.

Danner González

Danner González

Especialista en comunicación y marketing político. Ha realizado estudios de Derecho en la Universidad Veracruzana; de Literatura en la UNAM; de Historia Económica de México con el Banco de México y el ITAM, y de Estrategia y Comunicación Político-Electoral con la Universidad de Georgetown, The Government Affairs Institute. Ha sido Diputado Federal a la LXII Legislatura del Congreso de la Unión, Vicecoordinador de su Grupo Parlamentario y Consejero del Poder Legislativo ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Entre 2009 y 2010 fue becario de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en Córdoba, España. Sus ensayos, artículos y relatos, han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Es Presidente fundador de Tempo, Política Constante.