Por Salvador López Santiago
@sls110386

El 1 de julio de 2018 el mensaje depositado en las urnas fue contundente. Más de 30 millones de mexicanas y mexicanos les dijeron a los políticos de siempre que los cargos de elección popular no son patrimonio de ningún individuo ni grupo. En la jornada electoral histórica, también quedó claro el deseo de un cambio de raíz en la concepción de la vida pública en nuestro país, a fin de que fueran atendidas las necesidades más apremiantes de la gran nación que conformamos.

La esperanza asociada a la Coalición Juntos Haremos Historia derivó en una efervescencia nunca vista. El descontento con los gobiernos del pasado, combinado con la confianza en AMLO se sintetizó en una amalgama que resultó ser una verdadera aplanadora. Ese domingo, desde temprano millones de votantes salieron sin necesidad de acarreo o algún tipo de persuasión, no solo eso, fueron esos mismos ciudadanos los que se convirtieron en los primeros defensores del voto.

Lo ocurrido no es comparable con ninguna otra elección del México contemporáneo. El PRI y el PAN tenían presupuestada la derrota en la presidencia de la República y en distintos espacios, pero cuando el PREP comenzó a arrojar que en bastiones como el Estado de México y Veracruz había ganado el proyecto de nación dirigido por López Obrador, pudimos ver que los pronósticos no solo se cumplieron, sino que fueron rebasados abrumadoramente para pintar al país de guinda. De esta manera llegaron perfiles de diversos tipos, desde aquellos a los que la historia les hizo justicia y que en estos dos años han enaltecido con congruencia décadas de lucha social; hasta aquellos que tuvieron como mayor mérito estar en el momento histórico adecuado.

AMLO ganó la presidencia con más del 50% de los votos y Morena entró por la puerta grande en el Congreso de la Unión al obtener la mayoría en ambas Cámaras. En estos dos años, esa pluralidad de perfiles ha acompañado la agenda de la #4T y con esa carta, en el caso de la Cámara de Diputados buscan la reelección, figura a la que han decidido atenuar con la denominación de elección consecutiva. Lo anterior, con un piso no muy parejo pues recordemos que para buscar mantener su curul en San Lázaro no es necesario que pidan licencia. Es curioso y hasta irónico que una reforma tan criticada por ser aprobada en una Legislatura con mayoría del PRI, ahora beneficia a quienes antes fueron la oposición.

En el caso de la reelección legislativa (hay que llamar a las cosas por su nombre), es crucial que todas las fuerzas políticas y especialmente la Coalición Juntos Haremos Historia, realicen un ejercicio de conciencia y análisis serio para tener perfiles competitivos. En 2018 la ciudadanía le dijo a la clase política que los cargos de elección popular no son patrimonio de nadie y ese mensaje también aplica para quienes ganaron la elección hace tres años. Después de todo, no se trata de cambiar una mafia por otra, menos cuando se pregona no ser iguales.

Es momento de demostrar que en efecto son diferentes y que no los mueve la ambición, sino la convicción de una profunda transformación social en favor de pueblo, particularmente de los más desprotegidos. Con estas consideraciones, podemos señalar tres grandes conclusiones:

1. La ciudadanía sabrá premiar con su voto a quienes han tenido resultados positivos en la LXIV Legislatura y no dudará en castigar a quienes no estuvieron a la altura de la encomienda. Morena y sus aliados deben privilegiar la capacidad y los méritos. Asimismo, en un acto de congruencia, las y los candidatos que buscan reelegirse, deben hacerlo solo si han contribuido a la agenda de la #4T y si han enaltecido el gran honor que significa representar al pueblo en el Congreso; en este caso, por supuesto que merecen mantener tan importe encargo, pero si buscan la reelección únicamente porque la ley se los permite, sería poco menos que una traición al pueblo. En ambos casos, la dirigencia de Morena tendrá que valorar una por una las candidaturas.

2. La disyuntiva es clara, tener la soberbia de pensar que la marca Morena volverá a ganar por sí misma; o bien, darle su lugar al pueblo e impulsar candidaturas competitivas. Los perfiles históricos son incuestionables y en estos dos años han refrendado la trayectoria que los convirtió en referentes de la izquierda; pero en el caso de aquellos perfiles que llegaron por la aplanadora, por supuesto que tienen que ser sometidos a un escrutinio y ver si aprovecharon (con trabajo legislativo para los distritos electorales que representan) el premio mayor que se sacaron en 2018, en especial si tenemos en cuenta que un alto número de legisladores hubieran ganado incluso sin hacer campañas o que consiguieron el triunfo con campañas muy modestas (en propuestas, logística y recursos financieros y humanos), solo por estar en la Coalición.

3. En 2018, en no pocos casos el voto por la Coalición Juntos Haremos Historia fue por AMLO y a quien se pusiera en la boleta, pero en esta ocasión AMLO no estará en las boletas ni hará campaña por la Coalición. Entonces es todavía más necesario privilegiar a los buenos perfiles, a personas que además de identidad con el movimiento, cuenten con las competencias que requiere un buen parlamentario, comenzando por la construcción de productos legislativos y posicionar con sentido en la Tribuna. La ciudadanía ha demostrado que no volverá a permitir la llegada de malos perfiles y Morena no se puede dar el lujo de descalificar a priori a personas que puedan aportar a la defensa de la #4T mediante el debate parlamentario.

Salvador López Santiago

Salvador López Santiago

Es Licenciado en Derecho, con estudios de Maestría en Derecho Parlamentario y actualmente cursa la Maestría en Ciencia Política. Fue Consejero Electoral Distrital en el Instituto Federal Electoral (IFE) y en el Instituto Nacional Electoral (INE) durante los Procesos Electorales Federales 2011-2012 y 2014-2015, respectivamente. Asimismo, se ha desempeñado como asesor legislativo en el Senado de la República de octubre de 2012 a la fecha, en la LXII, LXIII y la LXIV Legislatura que inició en septiembre de 2018. Desde enero de 2020 es director editorial en Tempo, Política Constante.