Por Salvador López Santiago
@sls1103

Hace unos días se cumplieron 122 años de aquel 17 de febrero de 1899, cuando el Congreso del Estado de México erigió el municipio de La Paz, cuyo antecedente se remite a la Magdalena Atlicpac, lugar que en un primer momento fue la cabecera municipal por mandato del decreto presidencial emitido por Sebastián Lerdo de Tejada el 4 de octubre de 1875. En estas líneas más allá de invocar como dogma la información que podemos encontrar en fuentes como el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal (INAFED) o alguna de las letanías que pude ver en las redes sociales de la autodenominada clase política o actores públicos de mi municipio, me gustaría compartirles algunas de las razones por las cuales pertenecer a este municipio es un motivo de orgullo para mí.

Comienzo con una precisión y una confesión. La precisión es que tengo la fortuna de ser hijo de padres oaxaqueños y digo fortuna porque esa combinación de haber sido educado con los valores del gran estado de Oaxaca y desarrollarme en tierra mexiquense simplemente es virtuosa –si usted ve algo bueno en mí, no dude que es gracias a mi madre–, sin desprenderme de ese origen debo ser enfático en cuatro cuestiones: nací, crecí, radico y quiero vivir en La Paz. La confesión es que mi sentido de pertenencia hacia el municipio obedece a aspectos emotivos y no a elementos contundentes, sin complejos, debo mencionar que no existe ningún espacio turístico que en verdad amerite ser visitado –apenas hay una pirámide que más bien parece un vestigio de cualquier civilización–; festividades como el carnaval se pueden encontrar en otros lugares –tristemente muchas veces están rodeadas de trifulcas y en últimos años hasta de muertes–; y en su mayoría nuestros representantes dejan mucho que desear. Quien no haya vivido aquí seguramente no le encontraría nada espectacular, insisto, mis motivos emanan de la emotividad.

Pero no soy ingenuo ni hago caso omiso de los graves problemas que tenemos en el municipio. Sin que sean todos, me parece que entre los más urgentes están el hecho de que la incidencia delictiva crece de manera exponencial administración tras administración –incluyendo al actual gobierno–, es indignante que literalmente todos los días escuchamos o conocemos de un hecho delictivo; tenemos un gobierno que llegó por una efervescencia social y no por méritos –como muchos representantes populares en 2018–, las consecuencias son evidentes y la generalidad es que ni fueron diferentes ni estuvieron a la altura de las expectativas; las mínimas o raquíticas fuentes de trabajo en el municipio, lo que orilla a tener que buscar mejores opciones laborales en la Ciudad de México u otros municipios; la movilidad es un gran tema pendiente y el deficiente e inseguro transporte público no abona mucho para pensar que se va a solucionar pronto; el rezago educativo también es un reto, basta revisar cuántos de nuestros compañeros de la primaria concluyeron la secundaria, cuántos la preparatoria, cuántos la universidad y cuántos tienen un posgrado; también están las calles y avenidas en mal estado, curiosamente siempre vemos en reparación las mismas vialidades –al parecer es una válvula de escape para el famoso de la “obra sobra”–; y reiterando que no son todos los problemas, están la falta de oportunidades en general.

A pesar de ello, lo digo con total franqueza, en La Paz he construido mis mayores afectos. Aquí he tenido mis días más difíciles, pero también los más felices; y aquí deseo construir un futuro al lado de quienes quiero y me quieren –sin que sea un irreductible–. Al mirar al pasado, recuerdo con cierta nostalgia momentos como jugar fútbol hasta tarde con mis hermanos y amigos; las primeras ilusiones y sueños –en diferentes ámbitos–; o simplemente la tranquilidad de estar con mis hermanos en las distintas etapas de mi vida –en las buenas, las muy buenas, las malas y en las muy malas, siempre juntos–. No podría explicarlo, pero vivir en La Paz, forma parte de mi esencia y por eso valen la pena casi dos horas de ida y otra hora y media de regreso del trabajo; valía la pena atravesar la ciudad para ir a la escuela en Ciudad Universitaria; o simplemente ser el último en llegar a casa cuando veo a alguien.

En el 122 aniversario del municipio La Paz, Estado de México es un orgullo decir que soy un mexiquense que aspira a ser un digno embajador de la Magdalena Atlicpac y del municipio en todas partes, en todos los espacios y en todas mis actividades porque los pacenses, igual que la trucha, tenemos la capacidad y el coraje para nadar a contracorriente cuando se requiere. Concluyo con un anhelo y ese es realimentar la idea de que en el mediano plazo el estado de cosas cambiará con una revolución de conciencias basada en la realidad y no en ficciones o perversas aspiraciones camuflajeadas de buenas intenciones.

Salvador López Santiago

Salvador López Santiago

Es Licenciado en Derecho por la UNAM, con estudios de Maestría en Derecho Parlamentario en la UAEMéx y se encuentra en proceso de titulación de la Maestría en Ciencia Política en la UPAEP. Fue Consejero Electoral Distrital en el Instituto Federal Electoral (IFE) y en el Instituto Nacional Electoral (INE) durante los Procesos Electorales Federales 2011-2012 y 2014-2015, respectivamente. Asimismo, se ha desempeñado como asesor legislativo en el Senado de la República de octubre de 2012 a la fecha, en la LXII, LXIII y la LXIV Legislatura que inició en septiembre de 2018. Desde enero de 2020 es director editorial en Tempo, Política Constante.