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Por Javier Santiago Castillo

@jsc_santiago

La invasión de Rusia a Ucrania, el 24 de febrero de 2022, marca el inicio de una nueva etapa geopolítica. El fin de la segunda guerra mundial fue el inicio de la hegemonía en occidente de los Estados Unidos, cuyas causas esenciales fueron:

1. El fin de los imperios coloniales europeos (Reino Unido, Francia, Bélgica, etc.) vía la independencia negociada o por sangrientas guerras de liberación;

2. El Plan Marshal (1947), que tuvo como finalidades la reconstrucción económica de Europa destruida por la guerra y detener el avance de los partidos comunistas europeos que, en algunos países, como Francia e Italia, tenían una fuerte presencia social y electoral.

3. La creación de la OTAN (1949) fortaleció la hegemonía política y militar de los Estados Unidos. El único país que impulsó una política europea de defesa fue Francia, encabeza por Charles de Gaulle, que inició su retiro de la alianza atlántica en 1957 y la culminó en 1967. Se reincorporó hasta 2009, bajo el gobierno de Nicolas Sarkozy. La Unión Soviética propuso unirse a la OTAN (1954), fue rechazada y creó el Pacto de Varsovia (1955). La consecuencia fue un mundo bipolar, con Estados Unidos y la Unión Soviética como las grandes potencias que se disputaban la hegemonía en vastas zonas del mundo.

4. La transformación de Europa en una entidad subordinada a los intereses estadounidenses. Si bien es cierto, en su inicio, la unidad europea, al firmar el acuerdo reconciliación franco alemana producción de carbón con una autoridad supranacional (1950) y constituir la Comunidad Económica del Carbón y el Acero que sumó a Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo (1951), así como la Comunidad Económica Europea (CEE, Tratado de Roma, 1957). Este propósito fue impulsado por Francia, que vetó en dos ocasiones el ingreso del Rino Unido (1963 y 1967) por considerarlo muy proestadounidense, quien logró su ingreso hasta 1973. La CEE se transformó en la Comunidad Europea (Tratado de Maastrich, 1993), finalmente se convierte en La Unión Europea (UE) (tratado de Lisboa, 2009).

5. Estados Unidos respetó las zonas de influencia de las antiguas potencias coloniales, sobre todo de Francia y del Reino Unido en África y Asia; además en algunos casos las respaldó sus acciones bélicas (Guerra de la Malvinas, en 1982).

6. Estado Unidos se abstuvo de intervenir en asuntos internos de Europa, hasta que en 1991 participó en la guerra de los Balcanes, bajo el cobijo de la bandera de la ONU. Aunque desde 1984 diseño una estrategia secreta, contenida en la Directiva de Seguridad Nacional 133, aprobada por Ronald Reagan para promover en Yugoslavia la economía de mercado y dejara de ser un mercado de economía socialista.

Los balbuceantes intentos por lograr una política de defensa autónoma de Europa concluyen en 2009 con el reingreso de Francia a la OTAN. Suecia, Finlandia, Chipre y Malta no son miembros de la OTAN, pero sí de la UE. Noruega, Reino Unido, Islandia, Montenegro, Macedonia del Norte, Albania, Croacia Turquía, Montenegro y Macedonia del Norte son integrantes de la Alianza Atlántica, pero no de UE.

7. El hecho definitivo para el fin del mundo bipolar desde la perspectiva geopolítica y que los Estados Unidos surgieran como única superpotencia fue la implosión del comunismo ruso y sus secuelas: caída del muro de Berlín, acompañada de la reunificación alemana, la desintegración de la Unión Soviética y la transformación de los regímenes políticos de Europa del este en democracias liberales o autoritarias (por ejemplo, Polonia y Hungría).

La amalgama de todos estos factores impulsó el hegemonismo de Estados Unidos; ya que le permitió tener bases militares y armas nucleares en Europa y convertirse, además de potencia marítima, en terrestre.

Desde 2004 los países que han ingresado a la UE, entre los que se incluyen los antiguos miembros del bloque socialista, simultáneamente se han integrado a la OTAN, en una clara estrategia de crear un cinturón de la alianza atlántica en la frontera occidental de Rusia. Lo que ha sido considerado por Moscú como un claro signo del expansionismo de la OTAN, con los estados Unidos a la cabeza. El propio director de la CIA, de Biden, William J. Burns, ha advertido, desde 1995, sobre el efecto provocador de la expansión de la OTAN en torno a Rusia.

Por su parte, los Estados Unidos han considerado como amenazas a su hegemonía mundial las intervenciones de Rusia en Chechenia, Georgia, la anexión de Crimea, el apoyo a los separatistas de las repúblicas de Donest y Lugansk; pero sobre todo el acercamiento económico de Rusia a Alemania, que de manera natural le abre las puertas a toda Europa y la negativa de Ucrania (2013) a firmar el Acuerdo de Asociación Oriental, que abría su mercado a la UE.

El mundo unipolar, con Estados Unidos como la potencia hegemónica, encontró su auge a lo largo dos décadas, pero se siente amenazad su hegemonía geoeconómica y geopolítica por el desarrollo impresionante de China, que según todos los pronósticos superará económicamente a los Estados Unidos en un par de décadas.

Por otro lado, la aparición de Rusia como potencia energética, con una creciente dependencia europea del gas y petróleo ruso, con la perspectiva de ampliar su mercado energético hacia China, la India y Japón; aunado al intento de Putin de reconstruir, con su proyecto de unión aduanera, un mercado euro-asiático con las antiguas repúblicas soviéticas. Un factor que no ha salido al debate es que Ucrania heredó el 50 por ciento del complejo militar industrial de la Unión Soviética (3 mil 500 fábricas). En consecuencia, la fabricación de armas de Rusia depende en buena medida en la sinergia industrial con Ucrania. Este es un asunto de suma importancia para el análisis del conflicto.

La decadencia de Estados Unidos como potencia geoeconómica y el surgimiento de China como potencia global y Rusia como potencia regional, sobre todo económicas, pero ambas con arsenal nuclear, con altas posibilidades de crecimiento, aunado a la esencia del pensamiento geopolítico occidental, que sigue percibiendo a Rusia como una amenaza están encontrando su válvula de escape violenta en la invasión rusa a Ucrania.

Esto es parte del complejo escenario del conflicto ruso-ucraniano. México se encuentra en una situación difícil. En la lucha por la hegemonía geoeconómica, el gobierno le apostó explícitamente a la alianza con Estados Unidos en contra de China, pero cautamente en el conflicto ruso-ucraniano ha tomado distancia de las sanciones económicas impuestas a Rusia. Las presiones estadounidenses no se han hecho esperar, sobre todo en las amenazas de restricción de las inversiones, en caso de que se aprueben las reformas constitucionales en materia de energía eléctrica y el litio. Las declaraciones del embajador estadounidense y de Katherine Tai representante comercial y, la visita de la Secretaria de Energía Jennifer Granholm, más allá de cortesías diplomáticas discursivas, son muestras de los mejores tiempos del “gran garrote” imperialista. Pero el colmo de la desfachatez fueron las declaraciones, de Glen Van Herck, de que el mayor número de espías rusos en el mundo se encuentran en México. Creer de inmediato lo dicho es un acto de ingenuidad o de mala fe. La pregunta que queda en el aire es ¿cuántos agentes de la CIA estarán trabajando en México, para proteger los intereses de Estados Unidos?

Las reformas constitucionales, más allá de acuerdos o desacuerdos, son un asunto de soberanía nacional. Le compete al Constituyente permanente decidir en función de la correlación de fuerzas políticas internas. Debemos rechazar las presiones estadounidenses, pero sin soslayar que, en el escenario global, la posición geopolítica de México, su vecindad e intenso intercambio con Estados Unidos, limitan el margen de maniobra y exigen una política exterior dotada de cuidadoso realismo y amplias dosis de imaginación estratégica.


Nota al pie

Seguiremos analizando a la UAM

 

Javier Santiago Castillo

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, con mención honorífica por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Candidato a Doctor en Ciencia Política en la misma institución. Es profesor titular “C” tiempo completo de la UAM-I, actuó en los 80's como coordinador nacional de capacitación electoral del Partido Mexicano Socialista; y representante de casilla del Partido Mexicano de los Trabajadores, de cuyo Comité Nacional formó parte. En los procesos electorales de 1991 y 1994 fue Consejero en el XXXVI Consejo Distrital Electoral del Instituto Federal Electoral en el D.F; se desempeñó como coordinador de asesores de Consejero Electoral del Consejo General en el Instituto Federal Electoral; representante del IEDF ante el Consejo de Información Pública del Distrito Federal; y Consejero Presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal.