Opinión

Son la Esperanza

Escrito por: 22 enero, 2018 No hay comentarios

Danner González

@dannerglez

El 31 de diciembre pasado, en la carretera a Barra Vieja, en Acapulco, en un retén de la policía comunitaria, nos sorprendió un niño de no más de 10 años que portando chaleco antibalas y fusil en posición de ataque, participaba activamente con sus familiares. La imagen es cruda porque subraya la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y la ausencia de políticas públicas capaces de mantener a los niños en las aulas y en una vida digna y armoniosa.

Hace ya tres años que surgió la idea de construir una asociación civil que nos permitiera a un grupo de veracruzanas y veracruzanos, xalapeños en su mayoría, realizar tareas a favor de la niñez de nuestro Estado, después de haber lanzado un programa que llamamos “Ver por la lectura” y que ha llevado ya más de diez mil libros a escuelas de nuestra entidad. En el programa pedíamos a los niños que dibujaran cómo les gustaría ver su escuela. El resultado fue pasmoso. Incluso en Xalapa, la capital del Estado, hubo niños que plasmaron necesidades básicas: jabón y papel sanitario para los baños, un techo en algunos casos. Indigna saber que estas necesidades y muchas otras pudieron haberse cubierto si el gobierno de Javier Duarte no hubiera saqueado entre otras dependencias a la Secretaría de Educación.

Decidimos nombrar a nuestra asociación “Son la Esperanza” porque pensamos que frente al desencanto de los días en que vivimos, trabajar para conseguir mejores condiciones de vida para las y los niños debe ser la principal tarea de la sociedad civil, frente a un gobierno que no nos representa. Ellas y ellos son nuestra esperanza.

En la semana del 6 de enero, Son la Esperanza repartió juguetes en colonias de alta marginación de Xalapa, como la Ampliación Vicente Guerrero, la Dolores Hidalgo y Las Torres del Sumidero, como parte de #ElRetodelaAlegría, una campaña de donación de juguetes a la que convocamos a las y los xalapeños en diciembre pasado. Hubo voces que cuestionaron por qué hacerlo en Xalapa y por qué no hacerlo en Oaxaca o en Chiapas. Nuestra respuesta fue siempre la misma: Xalapa tiene colonias lastimadas, que a veces ni los mismos xalapeños conocemos.

Basta adentrarse más allá de la Carolino Anaya o alrededor de Las Antenas para darse cuenta que esa no es la Xalapa universitaria, de vida cultural vibrante, la de las Cuatro Virtudes o la del Museo de Antropología con el acervo más importante de América Latina. Fuera del centro, el paisaje le muestra a Xalapa otro rostro, uno fracturado que compite con municipios rurales serranos, de miseria y deficientes servicios públicos, de desnutrición y pobreza extrema, de violencia sórdida, que a fuerza de constancia, a sus niños y niñas acabo por volvérseles cotidiana, admirable incluso.

Mientras caía la tarde, en una de las entregas, un niño se acercó a mi esposa, y le pidió una pistola. Ella le explicó que no había pistolas entre los juguetes que llevábamos, pero que podía escoger algún otro juguete que le gustara. El niño rechazó con firmeza cualquier otra posibilidad y sumido en una profunda indignación se dio la vuelta.

¿Quién es responsable de esta apología de la violencia, de la que nuestros niños quieren participar hoy? ¿Aquellos que no han legislado para prohibir las narcoseries o los corridos del movimiento alterado? ¿El entorno en que conviven con padres y hermanos, vecinos tal vez, sicarios? ¿La idea de que vale más vivir un día como rey que cien años sin serlo? ¿Los gobiernos incapaces de frenar la violencia y de construir opciones educativas, de desarrollo y economía vigorosa, que le digan a quienes están imbuidos en el mundo del narco que sí hay de otra?

En Son la Esperanza pensamos que como sociedad tenemos mucho que aportar para hacer que el derecho a la felicidad sea el principal derecho humano. Ningún Estado podrá garantizarle a sus ciudadanos paz, seguridad, derechos humanos, si antes no le garantizamos la alegría, el respeto, la calma. Más allá de los valores fríos que son susceptibles de leyes y políticas públicas, necesitamos pensar en los valores cálidos, que empiecen a materializar la justicia y la esperanza.

Danner González

Danner González

Especialista en comunicación y marketing político. Ha realizado estudios de Derecho en la Universidad Veracruzana; de Literatura en la UNAM; de Historia Económica de México con el Banco de México y el ITAM, y de Estrategia y Comunicación Político-Electoral con la Universidad de Georgetown, The Government Affairs Institute. Máster en Comunicación y Marketing Político con la Universidad de Alcalá y el Centro de Estudios en Comunicación Política de Madrid, España, además del Diplomado en Seguridad y Defensa Nacional con el Colegio de Defensa de la SEDENA y el Senado de la República. Ha sido Diputado Federal a la LXII Legislatura del Congreso de la Unión, Vicecoordinador de su Grupo Parlamentario y Consejero del Poder Legislativo ante el Consejo General del Instituto Nacional Electoral. Entre 2009 y 2010 fue becario de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en Córdoba, España. Sus ensayos, artículos y relatos, han sido publicados en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Es Presidente fundador de Tempo, Política Constante.