Desideologizar la CNDH

Editorial

@tempomxcom

 

 

La elección de quien presidirá la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha alcanzado un callejón sin salida en el Senado. La terna propuesta por las Comisiones Unidas de Derechos Humanos y Justicia, integrada por María del Rosario Piedra Ibarra, José de Jesús Orozco Henríquez y Arturo Peimbert Calvo se entrampó después de dos votaciones en el Pleno, en las cuales ninguna de las propuestas reunió las dos terceras partes requeridas para suceder a Luis Raúl González Pérez como ombudsperson.

 

Este jueves se realizará la tercera votación de la terna, que de no reunir la mayoría necesaria, deberá ser devuelta a comisiones para que estas preparen una nueva terna o tantas como sean necesarias hasta que el Pleno de la Cámara alcance un consenso al respecto.

 

En la primera ronda de votaciones los grupos parlamentarios dejaron clara su posición: Morena está dividida, aunque pudiera cohesionarse para respaldar la propuesta de Rosario Piedra Ibarra, a quien nadie escatima su lucha social, pero dadas sus afinidades políticas –hay que recordar que fue Secretaria de Derechos Humanos de Morena y candidata a diputada del mismo partido–, se ve complicado que pueda alcanzar las dos terceras partes. Menos aún se vislumbra el escenario en el que Peimbert –afín a la APPO– pudiera alcanzar dicha mayoría. Orozco, por su parte no tiene ninguna posibilidad, pues aunque sus cartas académicas son magníficas, carga entre sus pecados haber sido magistrado electoral del Tribunal que validó el triunfo de Felipe Calderón en 2006.

 

Si es cierto que el Senado ya no responde a intereses partidistas o de grupos, y que los órganos autónomos del Estado no obedecen a un reparto de posiciones entre los distintos grupos parlamentarios, entonces la siguiente terna debe ser construida sin engañifas ni interpretaciones sesgadas del procedimiento parlamentario, como aquellas que dicen que una segunda terna puede contener uno o más nombres de quienes han aparecido en la primera ronda de votaciones.

 

Una segunda terna debe contener perfiles independientes, de probada autoridad jurídica, académica, solvencia moral y capaces de construir puentes de con las asociaciones y colectivos de la sociedad civil. El próximo ombudsperson tendrá entre sus principales retos ser una voz seria y desideologizada si de verdad se aspira a que la CNDH contribuya en la tarea del Estado de serenar al país. Pocos candidatos reúnen dichas características. Elegir con ese rasero lograría destrabar la discusión, centrándola en lo que de verdad importa: la plena autonomía de la CNDH, su papel no como institución cortesana del Estado ni como adversaria del gobierno, sino como un garante efectivo y además activo, en la defensa de los derechos humanos de las y los mexicanos.

 

De un análisis exhaustivo de los perfiles que comparecieron ante las Comisiones Unidas destaca con mucha seriedad la currícula del Doctor Carlos Pérez Vázquez, quien fuera Coordinador de Derechos Humanos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, funcionario responsable de la implementación de la reforma constitucional de 2011 en materia de derechos humanos al interior del Poder Judicial de la Federación, consultor externo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, director del Centro por un Recurso Efectivo AC. Como Secretario de Estudio y Cuenta en la Ponencia del Ministro Juan Silva Meza, Pérez Vázquez dictaminó y proyectó temas de gran calado social como los casos de Lydia Cacho, Acteal, Atenco, Oaxaca y la Guardería ABC. Es profesor investigador de las asignaturas de Derechos Humanos, Derecho Constitucional y Filosofía del Derecho en la UNAM y autor de 11 libros en materia de justicia, derecho y literatura,

 

El debate en el Senado sobre la CNDH está ideologizado, dogmatizado, ha dicho Ricardo Monreal. ¿Quién lo desideologizará?, la respuesta es de difícil pronóstico, no así la alternativa para lograrlo, siendo el Doctor Carlos Pérez Vázquez el perfil idóneo al contar con la legitimidad, capacidad técnica y empatía ciudadana que requiere tan importante encomienda. No es casualidad que Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz en 1992 haya dirigido una carta a las Senadoras y Senadores para expresar que dado el trabajo probado de Pérez Vázquez, su experiencia puede ser un gran aporte para revertir, en el corto, mediano y largo plazo, la situación de profunda violencia y violación de los derechos humanos que México atraviesa.